martes, 16 de junio de 2026

Los fontaneros políticos

 Entren sin problema a este su piano bar favorito, disculpen que esté todo encharcado, pero su mesa está intacta no se preocupe, ¿Cómo, que qué a pasado?, Una tubería de agua sa ha roto, pero ya hemos llamado al fontanero, jajajaja si,si, parece que últimamente está de moda esa profesión, pero en el caso nuestro es un fontanero de verdad y no ese del ámbito político, por cierto ¿Quiere saber por que se les llama así? Si, de verdad, pues tome asiento, por que creame que es una historia apasionante.

Verán en Estados Unidos, a finales de los años 60 y principios de los 70, el país vivía uno de los momentos más tensos de su historia reciente. Por un lado, la guerra de Vietnam dividía profundamente a la sociedad y generaba protestas masivas en las calles. Por otro, el escándalo político, la desconfianza hacia el gobierno y la sensación de que las instituciones estaban perdiendo el control se hacían cada vez más evidentes.

En ese contexto, empezó a ocurrir algo que preocupó especialmente a la Casa Blanca: información sensible, documentos internos y decisiones estratégicas estaban saliendo a la luz pública con una facilidad inusual. Esas filtraciones no eran casuales ni aisladas. Llegaban directamente a los medios de comunicación, especialmente a los grandes periódicos del país, y muchas veces exponían errores, contradicciones o incluso operaciones encubiertas del gobierno.

Cada filtración tenía un efecto inmediato: debilitaba la credibilidad de la administración y alimentaba aún más la desconfianza ciudadana. Para el gobierno, aquello no era solo un problema de comunicación, era una amenaza directa a la seguridad nacional y al control político.

Ante esta situación, desde el propio entorno del presidente Richard Nixon se tomó una decisión muy concreta: crear un grupo especializado cuyo objetivo no era comunicar, sino todo lo contrario, impedir que la información siguiera saliendo. Su misión era rastrear el origen de las filtraciones, identificar a los responsables y cerrar cualquier vía por la que los documentos pudieran llegar a la prensa.

En un principio se hicieron cargo agentes del orden público, ya fuera del FBI cómo agentes de la Agencia central de inteligencia, la CIA, pero aquello resultó ser un desastre. La locura de la política, la infinidad de cargos, congresistas, senadores, secretarios de éstos, subsecretarios de los secretarios, asesores, lobistas y demás fauna política que reocorrían los pasillos hacían que los agentes se perdieran, así que se tomó una decisión, junto a ellos iban a colocar a miembros leales al partido, miembros sin un puesto claro, pero con unos ideales ferreos que se sabían mover por ese mundo y que se iban a infiltrar entre los cargos politicos y dar cuenta a los agentes de la autoridad, su misión principal era tapar fugas de información.

Nadie, excepto los mas cercanos al presidente sabían quien eran, pero ellos empezaron a llamarese a si mismos fontaneros, por el cometido principal de detener dichas fugas de información.

En plena campaña electoral de 1972, el presidente Richard Nixon buscaba su reelección en un clima político muy polarizado. El Partido Demócrata era su principal rival, y cualquier ventaja, incluso la más pequeña, podía marcar la diferencia.

En ese contexto, un grupo vinculado a su comité de reelección, conocido como CREEP, decidió llevar a cabo una serie de acciones encubiertas para obtener información y asegurar el control de la campaña. Entre esas acciones se encontraba la vigilancia y espionaje político a sus adversarios.

¿Y adivináis a quién se lo propuesieron? Efectivamente a esos autodenominados fontaneros, pero aún ese terminó no era conocido por la opinión publica, tenía que pasar un acontecimiento.

Pero antes explicarte por que se lo encargaron a ellos y no por ejemplo a la CIA, verán, lo que pedía Nixon era totalmente ilegal y cualquier agente de la seguridad nacional podría dar aviso a un superior y encontrarse el presidente en serios apuros, pero los autodenominados fontaneros, eran milantes fanaticos, algunos con un odio extremo al partido demócrata y eso les hacía ser los candidatos ideales

Y ahora ocurre el acontecimiento que lo detonará todo.

La noche del 17 de junio de 1972, cinco hombres fueron detenidos dentro del complejo Watergate, en Washington D.C., mientras intentaban instalar micrófonos y obtener información del Partido Demócrata. A primera vista, parecía un robo fallido o un incidente aislado. Pero pronto empezó a llamar la atención que los detenidos no eran simples delincuentes, sino personas con conexiones directas con la campaña de Nixon.

A partir de ese momento, algunos periodistas comenzaron a tirar del hilo. En particular, Bob Woodward y Carl Bernstein, del Washington Post, empezaron a investigar el caso con más profundidad. Lo que parecía un episodio menor empezó a mostrar conexiones cada vez más incómodas: pagos en efectivo, operaciones encubiertas y una estructura organizada que iba mucho más allá de un simple allanamiento.

El problema para la Casa Blanca no fue solo el robo en sí, sino lo que empezó a descubrirse después. Poco a poco, las investigaciones apuntaban a que existía un sistema de vigilancia política más amplio, y que ciertos miembros del entorno presidencial podían estar implicados, o al menos al tanto de lo ocurrido.

Desde la administración Nixon, la reacción inicial fue de negación. Se intentó minimizar el incidente, desvincularlo de la campaña y presentarlo como una acción no autorizada de terceros. Sin embargo, las pruebas y testimonios seguían acumulándose, y cada intento de cerrar el caso terminaba generando más preguntas.

Lo que había empezado como una operación de espionaje político terminó abriendo una grieta mucho más profunda en el sistema. Porque el verdadero problema ya no era solo lo que había ocurrido en el Watergate, sino hasta dónde llegaban las acciones de espionaje a sus propios ciudadanos y dirigentes políticos.

Los cinco hombres detenidos por la policia en el complejo Watergate no eran simples  activistas políticos. Se trataba de individuos con formación en inteligencia, seguridad y operaciones encubiertas, que habían sido adiestrados por aquellos primeros agentes que intentaron sin éxito parar las filtraciones.

Aquellos perfiles no encajaba con el de delincuentes comunes. Recordar que se estaba investigando un robo.

Durante el juicio, se fue reconstruyendo su papel en la operación. Habían sido contratados para entrar en las oficinas del Partido Demócrata, instalar micrófonos, recopilar información y asegurar ventajas políticas para la campaña de reelección de Nixon. No actuaban por iniciativa propia, sino como parte de una cadena más amplia de decisiones y autorizaciones.

El proceso judicial empezó a revelar una red de contactos y órdenes que apuntaban hacia niveles cada vez más altos del poder político. Aunque los acusados intentaron presentarse como actores independientes, las pruebas y los testimonios sugerían que su actuación estaba vinculada a una estrategia más amplia de espionaje político.

En un momento dado uno de ellos se autodenominó "plomero", ese es el nombre que nuestros hermanos de la america hispano hablante usa para decir fontanero.

Pronto averiguaron que era así como se denominaban así mismos aquel grupo dentro del partido republicano y es así cómo salió a los medios, quedando para siempre ese oficio a aquellos miembros de un partido  que se dedican a trabajar en las cloacas políticas.

Por cierto, el escándalo fue tal que Nixon tuvo que dimitir y estuvo muy cerca de entrar en la carcel si no fuera que Gerald Ford le concedió un indulto presidencial, pero su nombre ha quedado para siempre manchado en la historia, carne de chistes y de escarnio público que ha trascendido en el tiempo.

Y bueno, qué les ha parecido.... apasionante verdad, pues colorín colorado esta historia de fontaneros ha terminado, disfruten de su día

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