Verán, dejenme que les cuente una cosa, en una época estival como la de Halloween. Parece que hay géneros que le son propios, películas que encajan como un anillo al dedo y en este caso son las películas de terror o misterio, pero por otro lado, solemos pensar en film de consumo rápido, obras que con el paso del tiempo, ni siquiera te vas a acordar.
Pero no debe de ser así, hay grandes obras maestras, rodadas e interpretadas por las mayores estrellas del cine de la época, cuando éste estaba en su mejor momento, films que no solamente han conservado su capacidad para inquietarnos, sino que han terminado convirtiéndose en auténticos clásicos del cine. Y la que hoy nos ocupa es, sin ninguna duda, una de ellas.
Así que. Bienvenidos, bienvenidas queridos amigos y amigas de cinefilia con todos ustedes, El extraño caso del doctor Jekyll, film estrenado en 1941.
Verán, hablar de esta obra es ponerse de pie ante un film colosal y es que estamos ante una película de muchos, muchísimos kilates. Para empezar, por el material literario del que parte: la extraordinaria obra de Robert Louis Stevenson, una de esas historias que han trascendido su época para instalarse en el imaginario colectivo. La lucha entre el bien y el mal, la dualidad de la naturaleza humana y esa inquietante posibilidad de que, bajo una apariencia respetable, se esconda algo realmente monstruoso… Pocos relatos han explorado nuestros rincones más oscuros con tanta fuerza y han dejado una huella tan profunda en la cultura popular, como aquella escrita en su libro el Exctraño caso del Dr Jekill y Mr. Hyde
Pero claro, cuando semejante historia cae en manos de un estudio como la Metro-Goldwyn-Mayer, en uno de los grandes momentos de su historia, las expectativas no pueden ser precisamente modestas. Hablamos de una época en la que Hollywood funcionaba como una auténtica fábrica de sueños, con medios técnicos extraordinarios, profesionales de primer nivel y un sistema de estrellas capaz de reunir en una misma producción a algunas de las figuras más importantes del firmamento cinematográfico de toda la historia de este arte.
Y aquí tenemos, precisamente, un reparto que simplemente da vertigo. A la cabeza, Spencer Tracy, un actor de una solidez interpretativa extraordinaria, acompañado por Ingrid Bergman, cuya presencia en pantalla es sencillamente magnética, y Lana Turner, una de las grandes estrellas de la Metro. Tres nombres que, por sí solos, ya justificarían echarle un vistazo a esta película.
Pero es que detrás de las cámaras encontramos, además, a Victor Fleming, un director de enorme talento, responsable de títulos tan fundamentales como El mago de Oz y Lo que el viento se llevó. Y si eso no fuera suficiente, el guion corre a cargo de John Lee Mahin, un profesional de larga trayectoria en Hollywood, vinculado también a películas como Mogambo y Quo Vadis.
Así que tenemos una historia extraordinaria, uno de los grandes estudios de Hollywood en plena forma, un director de primera categoría, un guionista experimentado y tres estrellas de primerísimo nivel. Si sobre el papel, parece inmejorable, el resultado en pantalla es descomunal.
Verán, las películas de terror gótico eran más propias de la Universal que de la Metro, productora famosa por sus melodramas y films de épocas, Pero el estudio tenía sus propias razones para acercarse a esta historia. Y la más importante es que esta película ya había triunfado diez años antes.
En 1931, la Paramount había estrenado El hombre y el monstruo, dirigida por Rouben Mamoulian y protagonizada por Fredric March otra versión destacable de la novela. Aquella película había dejado una huella enorme, hasta el punto de que March consiguió el Óscar al mejor actor por su interpretación. La historia de Jekyll y Hyde ya había demostrado su enorme potencial cinematográfico, así que la Metro decidió hacerse con los derechos de aquella producción y darle su propio tratamiento. Y cuando la Metro quería hacer algo, lo hacía a su manera: grandes estrellas, una producción cuidada hasta el último detalle y el sello de distinción de uno de los estudios más poderosos de Hollywood.
La elección de Spencer Tracy para interpretar a los dos personajes resulta especialmente reveladora. Tracy no era precisamente el actor que uno asociaría de primeras con el cine de terror. Su imagen estaba vinculada a personajes de enorme humanidad, hombres sólidos, creíbles, con los pies en la tierra. Y, de hecho, el propio actor no estaba demasiado entusiasmado con el proyecto. Le preocupaba la comparación con Fredric March y tampoco le convencía la idea de someterse a un maquillaje excesivo para convertirse en Hyde.
Pero Tracy era una máquina interpretativa de primer nivel, ante la presión de la metro y acceder a interpretar a dicho personaje, decidió hacerlo en profundidad, quería construir al monstruo desde la interpretación, desde los gestos, la mirada y el lenguaje corporal. Y la Metro aceptó esa propuesta, buscando una transformación menos espectacular en lo físico y más apoyada en la actuación.
Aquí es donde aparece una de las diferencias fundamentales con las obras anteriores. Mientras que el génerro de terror se había construido en un universo reconocible de criaturas, castillos, sombras y maquillajes inolvidables, la Metro abordó la historia desde una perspectiva más elegante, más cercana al drama psicológico y al melodrama de prestigio. No se trataba tanto de presentar a un monstruo de pesadilla como de explorar la degradación de un hombre respetable y la lucha entre sus impulsos y las convenciones sociales.
Y, sin embargo, la película no renuncia a esa atmósfera oscura que asociamos al terror gótico. La fotografía en blanco y negro, los contrastes de luz, los decorados y la música de Franz Waxman contribuyen a crear un mundo en el que la respetabilidad victoriana convive con algo mucho más turbio.
Pero tuvieron problemas importantes para desplegar toda la maldad que el personaje Hyde inflinge a sus víctimas y es que no hay que olvidar que la película se estrenó en 1941, cuando el código de censura de Hollywood el famoso Código Hayes ya condicionaba considerablemente lo que podía mostrarse en pantalla y lo que no. Y eso afectó a una historia cuyo trasfondo tiene mucho que ver con los deseos reprimidos, la hipocresía y las zonas más incómodas de la naturaleza humana.
Aún así o quizá por ello, este film resulta realmente terrorifico, la mano de Victor Fleming, el guión y las interpretaciones, llevan la historia a lo cotidiano, al maltrato que ocurre sin que nadie lo vea, pero del que somos conscientes que ha ocurrido, esa violencia fuera de plano, resulta más perturbadora que si realmente se mostrara.
Y ahora, bueno, toca contar un poco de que va la película, quiza sea absurdo no hacer spoiler por lo conocido de la obra de Stevenson, pero aùn así vamos a pensar en toda esa gente joven que quizá aún no han tenido ocasión de adentrarse en esta joya del terror gótico, así que siguiendo la norma del canal, lo haremos sin spoiler.
Pues bien, La historia nos traslada al Londres victoriano, donde conocemos al doctor Henry Jekyll, un prestigioso médico convencido de que el ser humano alberga en su interior dos naturalezas enfrentadas: una bondadosa, civilizada y respetable, y otra oscura, dominada por los instintos y los deseos más primarios.
Jekyll está convencido de que ambas facetas pueden separarse mediante la ciencia. Una teoría que despierta tanto la fascinación como el rechazo de sus colegas, incapaces de comprender que alguien con su reputación quiera adentrarse en semejante territorio. Pero nuestro protagonista no está dispuesto a abandonar sus investigaciones, convencido de que sus experimentos podrían cambiar para siempre nuestra comprensión de la naturaleza humana.
En el terreno personal, Jekyll mantiene una relación con Beatrix Emery, una joven de buena familia con la que espera casarse. Sin embargo, mientras su vida parece encaminarse hacia un futuro prometedor, el médico siente una creciente curiosidad por los aspectos más oscuros de la existencia, esos impulsos que la sociedad victoriana obliga a ocultar bajo una fachada de decencia.
Y entonces llega el momento de poner a prueba sus teorías, pero no ante coballas o roedores, si no experimentando con el mismo.
Mediante una fórmula experimental, Jekyll consigue liberar esa parte reprimida de su personalidad y se transforma en Edward Hyde, un hombre completamente distinto, sin los frenos morales que rigen su vida cotidiana. Hyde representa todo aquello que Jekyll ha mantenido encerrado durante años: la violencia, el egoísmo y el deseo de satisfacer sus instintos sin preocuparse por las consecuencias.
Al principio, el médico cree que puede controlar la transformación y regresar a su vida normal cuando lo desee. Pero pronto descubre que ha abierto una puerta que quizá nunca debió cruzar.
Y hasta aquí te voy a contar, es un film maravilloso para ver en esta época del año, una joya en blanco y negro que hará la delicia de toda la familia, con unas interpretaciones simplemente a la altura de otro tiempo.
Y hasta aquí nuestra reseña. Una película que, más allá de sus virtudes y de los años que han transcurrido desde su estreno, que nos permite disfrutar de algo que cada vez resulta más difícil encontrar: esa sensación de estar ante una obra que pertenece a otro tiempo, tiempo en el que se gestaban las obras más importantes de este arte
Por eso, si sois de los que todavía no os habéis acercado a El extraño caso del doctor Jekyll, os animo a que le deis una oportunidad. Especialmente si estáis buscando una película para disfrutar durante la noche de Halloween o sus visperas.
Porque hay muchas maneras de pasar miedo frente a una pantalla y todas son validas y maravillosas. Podemos recurrir al terror más explícito, a los sobresaltos, a las criaturas que aparecen cuando menos lo esperamos o a esas películas contemporáneas que juegan constantemente con nuestros nervios. Pero también existe otra forma de disfrutar del género: adentrarnos en una historia inquietante, dejarnos envolver por una atmósfera oscura y descubrir cómo el cine clásico era capaz de construir sus pesadillas con una elegancia y una personalidad extraordinarias.
Y eso es precisamente lo que ofrece esta película. Una oportunidad de acercarnos a uno de los grandes relatos de la literatura universal, contemplar el trabajo de intérpretes extraordinarios y descubrir cómo un estudio como la Metro-Goldwyn-Mayer se atrevió a explorar un territorio que parecía reservado a otros.
Puede que algunas cosas hayan cambiado con el paso del tiempo. Puede que nuestra forma de entender el terror sea hoy muy diferente. Pero hay historias que siguen funcionando porque hablan de algo que nunca ha dejado de inquietarnos: la posibilidad de que no conozcamos tan bien a las personas que tenemos a nuestro lado o incluso a nosotros mismos.
Así que, si este Halloween queréis disfrutar de una buena película de terror y, al mismo tiempo, regalaros la experiencia de descubrir todo un clásico, no lo dudes el doctor Jekyll te va a dar mucho más de lo que pensabas
Y con esto me voy a despedir, no sin antes pedirte que te suscribas, que le des al like si es que te ha gustado esta reseña y nos regales un Hype si aún estás a tiempo.
Volmeremos pronto con otro clasicazo del terror, para que tengas más opciones para hacer una velada maravillosa de cine, pero hasta que que llegue ese momento, un deseo, que seas inmensamente feliz o luches por ello y cómo no puede ser de otra forma que vivas el cine