En este momento especial, cuando todavía casi nadie me escucha, quiero pensar que esta conversación la tenemos entre tu y yo, no se quien eres ni en que momento lo escuchas, ya que este mensaje en la botella que es Youtube hace del azar una ley de vida, pero si que te pediria que sólo siguieras escuchando si eres mayor de edad.
Así que hecha esta petición, amigo o amiga, permíteme que te hable de algo tan poco interesante como es mi vida o mejor dicho una parte de mi vida, mi relación vital y devocional a una mezcla de alcoholes llamado negroni.
Hoy quizá se ha hecho más popular de lo que debiera y temo que en algun momento la mezcla de los tres licores se prostituya con sabores ajenos que lo hagan más moderno, más cool mas al gusto de todos y esa esencia nacida a principio del siglo 20 cuando el Conde Camilo Negroni, pidio a su barman que fortaleciera de alguna manera su coctel favorito, el americano, se transforme en algo mundano.
Fue en ese momento, en ese preciso momento donde se le añadió el toque perfecto, la ginebra... esa evolución del americano que tomo el nombre del Conde y quedó para siempre anclado a lo que ha sido mi bebida.
Recuerdo con lejana melancolía y tristeza, la primera vez que llegó a mi vida. Verán fue en el chicote, en la coctelería que ahora ha pasado a ser un reclamo de turistas que pasan por la gran vía madrileña y que un mal día reciente decidí volver para darme cuenta que ya no se hacen los negronis como antes, esa sensación de ver como la cosa, cómo evoluciona a mal y creo que si hago una crítica tan demoledora tengo que justificarla.
La maravilla del negroni radica en su simpleza, tres medidas exactas de ginebra, vermouth rojo y campari, por cierto, si se cambia el tono del vermut de rojo a un blanco más seco se le llama cardinale, pero esa ya es otra mezcla y otra historia, así que ciñemonos al original . Es un cocktel de trago largo que ha de servise de una forma inegociable en un baso de culo ancho o lo que es lo mismo en un Old Fashión, el hielo ha de ser reciente, ya que tiene que durar el tiempo suficiente en la mezcla sin aguarla y permitir saborearlo sin prisas, por que el negroni es un coctel para compartir con paciencia de sorbos lentos, alejado totalmente del Dry Martini, tanto en la mezcla como en la filosofía misma del coctel.
Luego viene el toque del barman, si sólo una ralladura de naranja o el gajo completo, si perfuma el borde del baso o cómo he visto a verdaderos maestros, echar unos pocos granos de sal para aumentar la potencia de la ginebra, cada barman tiene su toque y su sello. El caso es que en un coctel tan sencillo, cualquier dejadez destroza la experiencia y un coctel se toma en un ritual que lo es todo.
Cómo digo, el nuevo chicote no sólo ha cambiado el interior para hacerlo más moderno, si no que han traicionado su seña de identidad, el negroni.
Verán ahora, barman descuidados que desconocen la pesada responsabilidad que tienen a la hora de hacer un coctel a pasado a servir a turistas como el que sirve cañas en un bar, la mezcla de los tres licores es insuficiente para un baso lleno de hielo que ya te lo sirven aguado en busca quiza de una mayor recaudación por copa, la experiencia es el sucedaneo de un momento, es la traición a la tradición.
Así que rara vez me vayan a encontrar allí, verán para los que crean que todo está perdido no lo está, pero se necesita de una busqueda tenaz de coctelerias clásicas o de bares de hoteles, ese refugio maravilloso para los que amamos disfrutar de alta coctelería. Hasta no hace mucho el Gran hotel Reina victoria poseía uno de esos maravillosos caladeros para amantes del licor llamado Ana la santa, preparaban un perfecto Negroni y aunque no viene al caso, un tom collins excepcional, recuerdo que lo servían junto a un bol de gominolas con forma de ositos, que hacía la tertulia amena y divertida, pero ha cerrado.
Otro lugar maravilloso era el Gran Clavel, tambien desaparecido recientemente, la mezcla del barman que normalmente va acompañada de un bombay zafire, la cambiaba por la ginebra Gvine, creada a base de uvas y que le daba un matiz memorable a la mezcla bien medida y fenomenalmente servida.
Aunque hablo de lugares perdidos en el tiempo, tambien hay templos prodigiosos que gozan de gran salud, dos coctelerías clásicas que rivalizan en calidad, el bar del hotel Gran Fenix, llamado Balmoral que realizan uno de los mejores negronis clasicos de madrid y que acompañan de una suculenta muestra de frutos secos saldos y picantes, con su eficaz elenco de barman y bartender hacen de la experiencia de una charla agradable un refugio para el ajetreo de la ciudad y cómo no podía ser de otra forma la sucursal del dry martini de javier de las muelas en Madrid, muy cerca de plaza de españa, un templo no solo del Dry si no del negroni, aqui mas clásico no se puede ser, campari, Martini rojo y por supuesto bombay zafire. Hacen que te transportes a otro momento a otra época, con musica suave de jazz y con una de las mejores atenciones en barra y mesa, hace para bebedores solitarios un lugar amigo.
La cuna del negroni es florencia y más concretamente en el Giacosa1815 una coctelería aún abierta y que siempre que viajo a esa ciudad plagada de arte y de historia suelo visitar, su tradicional negroni combina perfectamente con sus sillas y sofás aterciopelados de azul, la buena salud del lugar hacen que los precios sean elevados y que cueste entrar sin reserva, pero es un lujo permitido sea cual sea tu economía.
Menos tradicional pero igual de memorable es el moro cafe en venecia, muy cerca del gran canal, donde aderezan su negroni tradicional con un poco de soda, recordando al americano del que nace y aunque puede ser una traición a la mezcla original doy fe que encaja perfectamente como un clavel rojo en la solapa de un smoking.
Creo que puedo recordar todos y cada uno de los momentos memorables de esa sorpresa y gusto de disfrutar un negroni, mezcla que me niego ha realizar en casa ya que cómo de un acto religioso como es su disfrute ha de hacerse en un templo como son los buenos bares y dejar sorprenderte por esos maravillosos profesionales que están a la altura de los mejores chefs que son los barman, por cierto siempre, los he disfrutado en pareja y creo que una buena conversación junto a la nada aconsejable ingesta de espirituosos hacen de esos momentos un pedacito de buena vida.
Y hasta aquí el pedacito de mi, que quiero compartir contigo, el resto permitanme que me lo guarde para mi, así que creo que ya va siendo el momento de que pares esto de youtube y dejes de ver la vida en una pantalla y disfrutes de la vida real que te espera ahí a fuera, quizá alguno de vosotros pruebe esta mezcla engañosa por su aspecto y quede decpcionado, no se preocupe demasiado, por que decepcionar es parte de mi encanto, así que colorín colorado, mi historia ha terminado