Buenas noches. Póngase cómodo en su mesa de siempre, junto a la penumbra del piano. Mientras prepara su copa, vamos a continuar y cerrar la historia que empezamos hace dos noches y a adentrarnos en las páginas más íntimas y dolorosas de quien dio vida al monstruo moderno. Porque detrás del mito literario se esconde una existencia marcada por una tragedia implacable, una acumulación de pérdidas devastadoras que Mary Shelley transformó, nota a nota, en la materia prima de su propia obra.
Verán Mary Wollstonecraft Godwin nació en agosto de 1797, y su llegada al mundo ya estuvo sellada por la sombra de la muerte. Su madre, la pionera feminista y filósofa Mary Wollstonecraft, falleció apenas diez días después de dar a luz debido a unas fiebres contraidas tras el alumbramiento. Este vacío absoluto —crecer sin conocer a la madre que había defendido los derechos de las mujeres, y llevar siempre sobre los hombros el peso de su ilustre memoria— marcó el inicio de una sensibilidad profundamente melancólica. Su padre, el filósofo político William Godwin, aunque culto y avanzado para su tiempo, mantuvo con ella una relación distante, fría y emocionalmente compleja. No podía dejar de sentir que ella había sido la responsable de la muerte de su mujer.
Aunque La verdadera tormenta de su vida estalló cuando tenía dieciséis años. Conoció a Percy Shelley, un joven poeta brillante, radical, idealista y ya casado con otra mujer. El flechazo fue inmediato y absoluto. Desafiando las convenciones sociales más rígidas de la Inglaterra del momento , Mary y Percy huyeron juntos a Europa en el verano de 1814, acompañados por la hermanastra de Mary, Claire Clairmont. Aquella fuga supuso el ostracismo social inmediato. La familia Godwin les dio la espalda, la prensa conservadora los crucificó tachándolos de inmorales y escandalosos, y Mary se vio de golpe empujada a una vida adulta marcada por la precariedad económica, las deudas perpetuas de Percy y el repudio generalizado de la alta sociedad, cuando sólo contaba con 17 años
Esta entrada a la madured siendo una niña llevó a Mary Shelley a vivir cosas que no le correspondia con su edad, al rechazo social, se le sumó el goteo incesante y cruel de la muerte, arrebatándole aquello que más amaba. El precio de la maternidad para ella se convirtió en un desgarro continuo. En 1815 dio a luz a su primera hija, una hija que tuvo con apenas 18 años, que murió apenas dos semanas después. El dolor fue tan intenso que Mary escribió en su diario sobre la visión constante de su bebé reviviendo gracias al calor de su propio cuerpo junto al fuego, un eco obsesivo que años más tarde latiría con fuerza en las páginas de Frankenstein.
Poco después llegó su segundo hijo, William, y en 1816 una niña, Clara. Sin embargo, la felicidad familiar duró un suspiro. En el otoño de 1818, la pequeña Clara enfermó gravemente de disentería durante un viaje por Italia y murió con apenas un año. El golpe fue devastador para Mary, sumiéndola en una depresión profunda y distanciándola dolorosamente de Percy, incapaces ambos de consolarse mutuamente.
Pero Por si todo esto fuera poco, en el verano de 1819, su adorado hijo William murió de malaria en Roma con solo tres años y medio. Mary quedó completamente rota. De los cuatro hijos que había parido hasta entonces, tres habían muerto en la infancia. En sus diarios y cartas de aquellos años, el dolor se describe no solo como tristeza, sino como una mutilación física, un aislamiento absoluto en un mundo hostil donde la muerte parecía reclamar sistemáticamente todo lo que ella intentaba crear o amar.
A este rosario de pérdidas se sumó, en 1822, el fin definitivo de su matrimonio cuando Percy Bysshe Shelley naufragó y murió ahogado en el golfo de Spezia, frente a las costas de Lerici, durante una tormenta repentina. A los veinticuatro años, Mary Shelley era viuda, había visto morir a tres de sus hijos y como unico superviviente su retoño varón Percy Florence, Madre viuda y extranjera en Italia, era normal que se sintiera profundamente sola
Cómo resultado Mary Shelley volcó toda esta acumulación de duelo, de abandono y de culpa en su literatura. De una manera tan visceral que su obra entera puede leerse como un mapa de sus propios traumas.
El tema central de Frankenstein no es la ciencia ficción por la ciencia ficción; es el abandono. El monstruo creado por Victor Frankenstein no es malvado por naturaleza; nace inocente, buscando afecto, comprensión y una mano amiga. Pero es rechazado por su propio creador, horrorizado ante su obra, y condenado al ostracismo por una sociedad incapaz de aceptar lo diferente. Ese abandono absoluto por parte de la figura paterna es el reflejo exacto del sentimiento de orfandad que acompañó a Mary desde su nacimiento —sin madre y con un padre distante— y de la culpa inconsciente que arrastraba por haber provocado la muerte de su progenitora al nacer. Así que podemos decir que el mostruo es ella, pero sin embargo Cada pérdida sufrida, sus hijos y su marido, represntaba como ninguno a lo que el destino tenia preparado al pobre victor Frankenstein, siendo a la vez uno y otro.
En sus novelas posteriores, como El último hombre —una obra maestra injustamente olvidada por culpa de el exito de su monstruo, narra la destrucción paulatina de la humanidad entera a causa de una epidemia global—, este reflejo autobiográfico se vuelve aún más desgarrador. En ese futuro postapocalíptico, el protagonista, Lionel Verney, va viendo morir uno a uno a todos sus amigos, a su esposa, a sus hijos, hasta quedar completamente solo sobre la faz de la Tierra. No es ciencia ficción especulativa: es el mapa emocional de una mujer que había enterrado a casi todos los seres que amaba antes de cumplir los treinta años, retratando su propia supervivencia como una condena.
Mary Shelley sobrevivió a sus tragedias escribiendo. Convirtió su biografía en una autopsia constante de la soledad, demostrando que los verdaderos monstruos no surgían de la magia medieval, sino de la incapacidad del ser humano para amar y hacerse responsable de aquello que crea.
Con el tiempo, la figura de la escritora se fue emborronando para dejar totalmente nitido el monstruo que ella creo, hoy Mary Shelley no es más que la creadora de Frankenstein ese mito pop que ilustra nuestras camiseta, nuestras neveras o nuestras estanterias con cara de Boris Karloff, Pero hoy desde este piano bar, hemos querido cambiar el foco, que descubras a la mujer que hay tras el libro y tambien quizá para que leas el Ultimo Hombre, otra joya de la literatura de una mujer que se merecía este espacio, y con esto ya termino, te dejo con tu copa, y tus pensamientos, yo sólo puedo decir, colorín colorado, la historia de una gran mujer, ha terminado