Me van a perdonar o eso espero ya que voy a utilizar esta reseña para hablar de su director , del amor reverencial que siento por las obras de Nicholas Ray, que me hacen tener una inclinación total a su obra, así que aunque vamos a reseñar el film, no puedo no rendirme ante esta figura sublime del cine.
Su trayectoria en Hollywood comienza a finales de los años cuarenta, después de haber pasado por el teatro y por distintos ambientes vinculados a la contracultura norteamericana. Su debut, Los amantes de la noche, ya anunciaba algo que recorrería buena parte de su cine: personajes que viven al margen, que buscan desesperadamente un lugar al que pertenecer y que, muchas veces, descubren que el mundo no está hecho para ellos.
Ray tenía una manera muy particular de mirar.
Podía trabajar dentro de los géneros más reconocibles de Hollywood —el cine negro, el western, el melodrama o el cine juvenil—, pero utilizaba esos géneros como quien utiliza un papel en blanco, el resultado siempre era diferente, estabas viendo un film que mantenía todas la leyes del género en cuestión pero eras consciente que el resultado iba más allá, tenía otro trasfondo.
Y detrás de ese transfondo siempre estaban sus personajes.
Quiero enfatizar este punto, porque aunque quizá una de sus virtudes está en la puesta en escena, con un cine visualmente extraordinario. Es su capacidad para dar alma a personas que otros directores habrían convertido simplemente en personajes su gran aportación a este arte.
Ray entendía sus contradicciones y no necesitaba justificar a sus criaturas para comprenderlas. Podía mostrar su violencia, su egoísmo, su fragilidad o su desesperación y, al mismo tiempo, permitirnos descubrir aquello que había detrás de él, su bondad, sus incongruencias, sus miedos, en definitiva su humanidad.
En su cine hay una sensibilidad casi dolorosa hacia los que no encajan. Quizá por que el tampoco encajaba mucho ni en su mundo, ni en su tiempo.
Jóvenes que no encuentran su sitio, hombres que no saben controlar lo que sienten, mujeres que intentan conservar su independencia mientras esperan reanudar una relación amorosa perdida, amantes que se quieren pero no saben quererse, solitarios que no saben vivir solos y jugadores que no saben ganar, en definitiva, los perdedores.
Los que llegan tarde a un mundo que parece haber sido construido sin contar con ellos, esos que en el cine nunca se retratan.
Verán, si un western el heroe siempre es más rápido que sus rivales y se lleva a la chica, salvandola del villano, Ray le dibuja como un pistoero con más cicatrices en el corazón que en el cuerpo, donde la chica es una mujer hecha y derecha que no le duelen prendas de tomar el revolver para terminar con sus problemas, dónde el mayor duelo no se hace a pistolas si no a reproches, en un duelo verbal de tan alto nivel que te rindes al momento con su sensibilidad absoluta en los diálogos de sus guiones.
Ray a diferencia de otros autores no daba sólo información de la trama con sus dialogos, si no que te mostraba el mundo interior del personaje. Una frase puede esconder miedo, deseo, orgullo o una necesidad desesperada de ser querido, hablando de un tema cotidiano.
Por eso sus diálogos tienen algo que todavía hoy resulta sorprendentemente moderno: muchas veces los personajes dicen una cosa mientras emocionalmente están diciendo otra.
Y quizá no sea casualidad.
Porque Nicholas Ray también vivió en primera persona las contradicciones de su tiempo.
Verán, durante los años de la caza de brujas y del macartismo, sus vínculos con ambientes progresistas y con personas perseguidas por el Comité de Actividades Antiamericanas hicieron que su posición dentro de Hollywood fuera especialmente incómoda.
No fue simplemente un cineasta expulsado del sistema. Su relación con aquella persecución fue mucho más compleja, llena de contradicciones y zonas grises.
Pero hay algo fascinante en observar su cine dentro de aquel contexto.
Mientras Hollywood trataba de imponer una imagen cada vez más ordenada, reconocible y tranquilizadora de la sociedad americana, Ray parecía sentirse atraído precisamente por quienes quedaban fuera de ese orden. En una especie de cineasta de trinchera. plagando sus tramas de incomodidad, mostrando la fragilidad del fuerte o la rebeldía del débil.
alejado del maniqueismo imperante, era visiblemente ambiguo, las personas no son héroes ni villanos, sino seres humanos intentando sobrevivir a sí mismos.
Y por eso su cine ha envejecido de una manera tan hermosa. Sin mirar sus personajes desde arriba ya que él prefería mirarle a los ojos.
Sin juzgar él a sus creaciones y por lo tanto, esperando que no los juzguemos nosotros.
Y aquí llega el momento de hablar de la película de esta semana.
Así que bienvenidos, bienvenidas queridos amigos y amigas de cinefilia con todos ustedes EN UN LUGAR SOLITARIO de 1950, obra maestra de Nicolas Ray.
La creación de este film llega en un momento extrañamente fascinante que resulta muy difícil separar completamente lo que Nicholas Ray estaba viviendo de aquello que estaba filmando.
Ray estaba casado con Gloria Grahame, actriz coprotagonista del film. Pero aquel matrimonio estaba ya profundamente deteriorado cuando comenzó el rodaje, en el otoño de 1949. Y hay algo casi estremecedor en imaginar aquellas jornadas: Ray estaba dirigiendo a la mujer de la que se estaba separando.
mientras construía una historia sobre un hombre que ama a una mujer pero es incapaz de ofrecerle la seguridad necesaria para que ese amor pueda sobrevivir.
Ray y Grahame estaban ya en las ultimas, la relación se deshacía, Ray encontró refugio en el propio trabajo. Llegó a dormir en el set mientras escribía la historia, en lugar de regresar a casa.
Porque Ray tenía esa costumbre casi obsesiva de reescribir, modificar e improvisar durante los rodajes. El guion de En un lugar solitario, firmado por Andrew Solt a partir de una adaptación de Edmund H. North, fue constantemente retocado por él durante la filmación.
Es como si quedarse en el estudio, seguir escribiendo, seguir trabajando, fuera también una manera de retrasar el momento de volver a casa.
Y enfrente tenía a Humphrey Bogart. Ya que no era solamente la estrella de la película. Era además su productor.
Había creado Santana Productions buscando precisamente algo de libertad, al margen del sistema de Hollywood:
En un lugar solitario fue una producción de Santana distribuida por Columbia, y ese pequeño espacio entre la independencia y el sistema de estudios fue fundamental para que una película tan amarga pudiera existir.
Bogart se implicó tanto en la película porque Ray estaba a punto de destruir al heroe americano al mito.
Estaba intentando descubrir qué había dentro ese personaje inmaculado, que curiosamente está lleno de taras.
Y recordar que mientras tanto, detrás de las cámaras, el director estaba viviendo su propio desastre sentimental. Gloria Grahame había empezado una relación sentimental con el propio hijo de Ray Tony. Y acabarían casándose poco despues.
Ray simplemente estaba intentando terminar una película mientras su mundo se derrumbaba.
Quizá por eso resulta tan conmovedor saber que muchas de las emociones que atraviesan En un lugar solitario nacieron de una verdad absoluta.
Y ahora vamos a contar de que va la película, como ya saben los más veteranos al canal, como siempre sin spoiler.
Pues vamos allá, Dixon Steele es un guionista de Hollywood con talento, pero también con un carácter explosivo y violento, una personalidad autodestructiva y una reputación que no le ayuda precisamente a conseguir trabajo.
Después de años sin escribir nada importante, recibe el encargo de adaptar un guion mediocre.
Una noche, la joven que trabaja como guardarropa en un club, acepta acompañarlo a casa para ayudarle a reconstruir la historia que ella ha leído y que el siente pereza de leer. Cuando terminan el trabajo se marchan, pero a la mañana siguiente, la chica aparece asesinada.
Dixon con su carácter violento y agresivo le hace ser el primer y casi único sospechoso.
Pero hay alguien que puede ofrecerle una coartada: Laurel Gray, una joven actriz que vive en el mismo edificio y que asegura haberlo visto regresar solo aquella noche.
Laurel cree en su inocencia. Y Dixon se enamora de ella.
Durante un tiempo breve, parece que ambos han encontrado algo parecido a la felicidad. Él vuelve a escribir. Ella empieza a descubrir al hombre sensible que existe detrás de aquella personalidad violenta y atormentada. Y entre los dos nace una relación que parece capaz de salvarlos.
Pero hay una sombra que nunca desaparece.
Laurel ha visto en Dixon algo que él mismo intenta ocultar: una violencia contenida, una furia que puede aparecer de repente y que ni siquiera él sabe controlar, que le hace estar en un lugar solitario. Y como termina?, es el asesino?, es inocente? podrán vivir juntos su amor? tódas esas preguntas las tienes que descubrir tú difrutando y lo digo con letras mayúsculas viendo este film.
Y quizá lo más curioso de En un lugar solitario sea que, cuando se estrenó en 1950, nadie parecía saber todavía lo que tenía delante.
No le otorgaron grandes premios ni consiguió nominaciones al Oscar y por si fuera poco, tampoco fue un gran éxito de taquilla.
Pero su verdadera consagración llegaría muchas décadas después. En 2007, En un lugar solitario fue incorporada al National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, como reconocimiento a su importancia cultural, histórica y estética.
Hoy en día está considerada cómo una de las grandes obras del cine negro americano y una de las películas fundamentales de Nicholas Ray. Una referencia esencial dentro de la carrera del director y como una de las grandes películas de los años cincuenta.
Pero cómo os comentamos al principio, Ray hace cine negro, el asesinato, el sospechoso, la investigación, la violencia, la amenaza
Pero los utilizó para hablar de algo mucho más íntimo que va más allá de quién ha cometido el crimen.
La película habla de lo qué ocurre cuando dejamos de confiar en la persona que amamos.
Su influencia puede rastrearse en los jóvenes cineastas de la Nouvelle Vague, que descubrieron en Nicholas Ray algo que para ellos era revolucionario: que un director podía convertir su propia sensibilidad, sus contradicciones y hasta su propia vida en materia cinematográfica.
Jean-Luc Godard llegó a decir una frase que resume perfectamente la devoción que aquella generación sintió por él:
“El cine es Nicholas Ray.”
Y creanme que no es una exageración.
No sé si esta ha sido mi mejor reseña de una película, creo que no, al final no he podido alejar mi pasión por el director y mi amor su obra de lado. Pero si consigo que alguién se acerque a su cine tras esta reseña, me sentiré francamente satisfecho.
El autor de mi western favorito de todos los tiempos, Jonny Guitar, os voy a dejar al final de este vídeo el enlace a la reseña que hice de esa obra sublime con dos divas enfrentadas en la realidad, con uno de los mejores dialogos de la historia del cine y de la que me sigue herizando la piel cada vez que la escucho.
Para terminar sólo me queda decirte que seas inmensamente feliz o luches por ello y como no puede ser de otra cosa, que vivas el cine