Verán, si tuviera que elaborar un top diez de las grandes obras clásicas del suspense y misterio, estoy convencido de que esta película tendría un lugar entre ellas. Y, por supuesto, también lo tendría su magnífico remake, una de esas ocasiones excepcionales en las que una misma historia da lugar a dos películas extraordinarias, cada una con su propia personalidad.
Obras que trascienden su época, que sobreviven al paso de los años y que siguen conservando intacta su capacidad para inquietarnos. Relatos que te hacen estar pegados a la pantalla y que saben jugar con algo mucho tan poderoso cómo son nuestras propias dudas, nuestros temores y esa inquietante sensación de que quizá no todo es lo que parece.
La película de la que vamos a hablar hoy. pertenece sin duda, a esa categoría. Una obra sobresaliente que hunde sus raíces en el teatro, concretamente en la pluma de uno de los grandes autores del misterio, un dramaturgo que supo encontrar el terror no en lo extraordinario, sino en aquello tan cotidiano como lo que puede suceder dentro de las paredes de nuestro propio hogar, el gran Patrik Hamilton
Y es precisamente ahí donde reside buena parte de la grandeza de esta obra que nos obliga a preguntarnos si podemos confiar en aquello que vemos, en lo que recordamos e incluso en nosotros mismos.
Por que sí, bienvenidos, bienvenidas queridos amigos y amigas de cinefilia, con todos ustedes el film dirigido en 1940 por Thorold Dickinson, Luz de gas.
Pero antes dejenme que les cuente una cosa, verán, para entender cómo llegó esta historia a la gran pantalla, tenemos que retroceder hasta 1938, sólo dos años antes del estreno de este film y conocer a su creador: Patrick Hamilton, novelista y dramaturgo británico que ya había cosechado un importante éxito teatral con Rope, La soga, una obra que años después también sería adaptada al cine por Alfred Hitchcock.
Aquel mismo año, Hamilton estrenó una nueva pieza teatral que volvería a demostrar su extraordinario talento para el suspense. La obra se estrenó el 5 de diciembre en el Richmond Theatre de Londres y, ante la entusiasta acogida del público, pasó poco después al prestigioso West End londinense, donde permaneció en cartel durante seis meses, con un total de 141 representaciones.
El secreto de su éxito estaba en una propuesta aparentemente sencilla, verán se trasladaba el misterio al espacio más cotidiano de todos, el hogar, y convertir la relación entre un marido y su esposa en un inquietante juego psicológico. Hamilton supo plasmar en su libreto, como sembrar la duda de una manera elegante y discreta, enfrentando las apariencias con la realidad y hacer que el público se preguntara qué estaba sucediendo realmente.
El éxito, cómo no podía ser de otra forma, no tardó en despertar el interés de la industria cinematográfica. La productora británica British National adquirió los derechos y confió la adaptación al director Thorold Dickinson, que ya había llamado la atención con sus anteriores trabajos. El guion quedó en manos de Rawlinson y Boland, encargados de trasladar al lenguaje cinematográfico una historia concebida originalmente para el escenario.
Y Así comenzó el camino de una obra teatral que, en apenas en dos años, pasaría de los escenarios londinenses a las pantallas de cine de todo el mundo. Y lo que quizá nadie podía imaginar entonces era que aquella historia tendría una segunda vida cinematográfica, todavía más célebre, cuatro años después, al otro lado del Atlántico, que ya entramos en detalle en nuestra anterior reseña.
Y ahora contemos un poco de que va esta película, como siempre sin spoiler, pero antes permiteme que te pida un par de cosas, la primera, si no te has unido a la familia de cinefilia, no lo dudes, suscribeté, tendrás un montón de ventajas, serás de los primeros en saber que hemos subido una reseña de cine al canal, dispondras de un catalogo de cerca de los 1000 títulos y por supuesto estarás rodeado de cinefilos que escriben, contestan y opinan de las obras reseñadas, creando un debate cinefilo sano y de primer nivel.
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Pues vamos allá.
La historia nos traslada al Londres victoriano, allí en una hermosa plaza, en una de las lujosas mansiones, ocurre algo tan perturbador como es el asesinato de la dueña de la casa.
Tras quedar la mansion poco menos que maldita durante años, es alquilada por un matrimonio formado por Bella Manningham, y su marido Jack.
A simple vista, ambos parecen formar un matrimonio perfecto, pero detrás de esa apariencia de jovialidad se esconde un problema matrimonial de primer orden, Bella está empezando a sufrir olvidos y pequeños problemas mentales.
Su marido le reprocha esa actitud, cuestiona sus decisiones y la hace sentirse cada vez más insegura.
Además y por si fuera poco, la casa parece guardar sus propios secretos, y ciertos acontecimientos cotidianos adquieren una dimensión cada vez más perturbadora. Especialmente cuando Bella comienza a percibir extraños cambios en la iluminación de la vivienda, como si el gas que ilumina la casa decayera de repente
En medio de esta atmósfera opresiva, llega un inspector de policía que siente que en todo este asunto no todo huele lo bien que debería y hasta aquí te voy a contar, el resto de la historia la tienes que ver y disfrutar tu.
Veran El estreno de la película en 1940 fue recibido con un entusiasmo extraordinario por la crítica británica. Las reseñas destacaron especialmente su capacidad para generar una atmósfera de inquietud, la solidez de sus interpretaciones y la habilidad con la que Thorold Dickinson había trasladado al cine una obra teatral que ya había triunfado sobre los escenarios.
El reparto encabezado por dos estrellas del momento como eran Diana Winiard y Anton Balbrook dieron el empujo definitivo para el exito en las salas británicas
Pero el alcance de esta historia no se limitó al Reino Unido. El éxito de la obra de Hamilton había cruzado el Atlántico y, el 5 de diciembre de 1941, llegó a Broadway y se convirtió en un fenómeno teatral, con 1.295 representaciones, prolongándose durante más de tres años.
Hollywood no tardó en interesarse por aquella historia. Sin embargo, la situación de los derechos cinematográficos y teatrales en Estados Unidos complicó el recorrido de la versión británica dado que la Metro-Goldwyn-Mayer decidió desarrollar su propia adaptación, que acabaría llegando a las pantallas en 1944, dirigida por George Cukor y protagonizada por Ingrid Bergman y Charles Boyer.
La película británica llegó al público estadounidense bajo el título Angel Street, y no con el titulo original de Gaslight, que fue reservado para la versión norteamericana.
De la presión que dió la Metro a este film intentando que desapareciera ya entramos en la reseña pasada donde hablamos de Luz que agoniza, por lo que no voy a repetirme.
Y Aunque ambas comparten el núcleo argumental, la forma de abordarlo es totalmente distinta.
Este film británico es un thriller victoriano sobrio y claustrofóbico. Que intenta recrear la obra teatral tal y como se representaba en los escenarios, los personajes principales, el matrimonio Manningham se muestra tal como es ya desde el principio del film, dejando poco a la imaginación del espectador en cuanto a los personajes y se centra más en el misterio de los acontecimientos
Sin embargo, en la versión estadounidense de 1944, George Cukor, el film que reseñamos hace unos días, el relato se transforma en un melodrama mezclado con thriller psicológico. La gran diferencia entre ambas es que aquí los personajes están por encima de los acontecimientos, sabemos por un lado más de su vida pero por otro lado desconocemos totalmente su forma de ser. Creando quizá una tensión mayor por culpa del desconcierto que nos genera la película durante gran parte del film
Este original es una grandisima película, nadie que la vea va a salir defraudado pero claro, cuando la Metro tiene a George Cukor para dirigir su remake, hace a esa versión simplemente deslumbrante, no sólo por el elenco artístico si no por la calidad técnica que llega a alcanzar
Hoy en día, afortunadamente, ambas películas pueden verse y disfrutarse. La versión británica es reivindicada como una joya del cine de suspense noir, concisa y elegante. Pero es innegable que la visión de Hollywood logró añadir esa pátina de grandiosidad, tensión dramática y magnetismo que elevó el relato a la categoría de mito universal y unas interpretaciones míticas que hicieron de esa versión Hollywoodiense la obra maestra del suspense que se ha ganado por derecho.
Personal mente prefiero la versión de Boyer y Bergman, creo que es un film más redondo, más completo y menos teatral que esta, la primera versión británica, pero que curiosamente tambien difruto mucho de su visionado, más directa y teatral.
No sé si has visto las dos, una o ninguna.
Estas fechas se prestan como pocas para una sesion en familia de este tipo de film aunque Halloween haya pasado, así que es un buen momento para descubrirlas o recordarlas.
Si quieres puedes decirme cual prefieres, cual es tu favorita en los comentarios y ya vamos a terminar esta reseña, sólo te quiero preguntar una cosa, ¿Tienes el botón de like gris? pues por favor dale un poco de color y presiona el pulgar para arriba.
Nosotros nos despedimos hasta la proxima reseña, que os aseguro que va a ser una sorpresa en el canal, ya nunca se ha hecho nada igual, pues nada hasta dentro de siete dias y ya sabeis, ser inmensamente felices o luchar por ello, no hay mejor lucha que esa y como no puede ser de otra forma, que vivas el cine