MONTPELIER: EL TERROR CLÁSICO LLAMA A NUESTRA PUERTA | CINEFILIA
1. PRESENTACIÓN
Hoy en CINEFILIA tenemos un motivo muy especial para sentirnos orgullosos. Y es que pocas cosas nos gustan más que descubrir nuevos talentos, apoyar a quienes aman el cine tanto como nosotros y, sobre todo, comprobar que detrás de una cámara puede haber alguien con una sensibilidad cinematográfica extraordinaria.
Hoy tenemos el placer de reseñar Montpelier, un cortometraje realizado por uno de nuestros suscriptores, nuestro compañero Dan Bravo.
Una obra que nos sumerge en una historia de terror gótico, pero que lo hace de una manera muy particular: recuperando la esencia del cine clásico, con un glorioso blanco y negro, una textura que evoca el celuloide de otra época y una atmósfera que nos recuerda a ese cine en el que las sombras, los silencios y lo que permanece oculto era mucho más aterrador de lo que aparecía en pantalla
Y hay un detalle que hace que este trabajo resulte todavía más sorprendente: su director tiene solamente 19 años.
Sí, habéis oído bien. Diecinueve años. Una edad a la que muchos todavía están descubriendo qué quieren hacer con su vida y en la que Dan Bravo ya está levantando proyectos cinematográficos que merecen nuestra atención y de los festivales de terror tan importantes como Molins de Rey.
Por eso, desde CINEFILIA, queremos dedicarle esta reseña. Porque creemos que estamos ante un nombre que conviene recordar y porque, si este cortometraje es una muestra de lo que puede ofrecernos en el futuro, quizá hoy estemos asistiendo a los primeros pasos de una carrera que tiene mucho que contarnos.
Así que poneos cómodos, apagad las luces y acompañadnos en este viaje al corazón de las tinieblas de los montes catalanes por que Hoy hablamos de Montpelier, de Dan Bravo.
Verán Montpelier nos propone una historia vampírica ambientada en un mundo que parece arrancado de otro tiempo de un siglo de soldados viejos y viejas guerras. Pero no estamos ante la típica historia de terror a la que estamos acostumbrados.
La película adopta una estructura epistolar: la narración nace de una carta dirigida a una duquesa, escrita por un antiguo soldado que emprende un viaje acompañado de su joven sobrino, Jaume.
Ambos se lanzan a dar caza a una bestia que está sembrando de cadáveres los montes. Una criatura cuya presencia parece convertir el paisaje en un territorio de muerte.
Y hasta aquí podemos contar, un film que empezará su recorrido por festivales y que seguro que podrás ver en uno de los cientos de selecciones que seguro que tendrá y con ello la oportunidad de verla.
Y es que una de las mejores maneras de acercarse a Montpelier es hacerlo sabiendo lo justo, dejándose llevar por su relato y permitiendo que sea la propia película la que vaya desvelando sus cartas.
Pero antes de adentrarnos en las características de Montpelier, merece la pena detenernos en la persona que hay detrás de la cámara.
Dan Bravo nació en Tarragona en 2006 y dirigió su primer cortometraje cuando tenía tan solo catorce años. Junto a su compañero Bernat Roqué fundó la productora Inesperado Films, con la que ha ido desarrollando diferentes proyectos audiovisuales.
En 2023 tuvieron la oportunidad de colaborar con Nora Navas, una de las actrices más destacadas de su generación, en un cortometraje escrito por Dan y dirigido por Bernat.
Desde entonces, los proyectos han ido creciendo en ambición y dimensiones hasta desembocar en Montpelier.
Pero su trayectoria no se limita a este trabajo. Dan también ha dirigido cortometrajes como La Pubilleta, con Eva de Luis y Pep Antòn Muñoz, que obtuvo un primer premio en un festival celebrado en Cunit, y Adéu, realizado para el Notodo Film Fest y protagonizado por David Vert y su hermana, Alícia Bravo.
Además, ha tenido ocasión de colaborar con Fernando Tejero en distintos proyectos y actualmente se encuentra escribiendo su primer largometraje.
Todo esto nos habla de alguien que lleva años trabajando, una de las voces jóvenes más impactantes que me he cruzado y que está labrando su propio camino en el mundo audiovisual.
y que Desde CINEFILIA seguiremos con atención sus próximos pasos.
Una de las cosas más interesantes de Montpelier es el origen de su historia.
Verán Dan Bravo quería inicialmente realizar una película ambientada en el mundo del bandolerismo del siglo XVIII. Para él, este periodo histórico representa una especie de equivalente español del western: un territorio de caminos peligrosos, personajes al margen de la ley y una violencia que forma parte de la vida cotidiana.
El director llegó incluso a reunirse con historiadores y divulgadores para documentarse. Sin embargo, se encontró con una dificultad: condensar una historia de estas características en un cortometraje sin que terminara resultando anecdótica o superficial.
La inspiración definitiva llegó a través de El Plan, un relato de su amigo Alejandro Lanchas ambientado en el Madrid actual. En él, dos amigos investigan la sospechosa muerte de un conocido hasta descubrir que detrás de lo sucedido se encuentra una criatura vampírica. A partir de ese descubrimiento, deciden darle caza.
Dan encontró en aquella historia la chispa que necesitaba para combinar el terror vampírico con el imaginario del bandolerismo del siglo XVIII.
Y el resultado es una propuesta que nos lleva a un terreno muy atractivo: el encuentro entre el western y el cine de terror gótico.
Pero no hablamos necesariamente del western más aventurero o espectacular, sino de esa vertiente contemplativa, solemne y cargada de atmósfera que asociamos al cine de los sergios, Corbuci, Solima y Leone.
El propio director explica que uno de los grandes retos del guion fue transformar el relato original, barroco y frenético, en una película de ritmo más contemplativo, sin perder su naturaleza perturbadora.
Y esa búsqueda de una identidad propia es precisamente uno de los aspectos que hacen interesante el proyecto.
En este caso el terror puede adoptar muchas formas y él decide que sea una críatura del bosque, algo ancestral y místico, presentarnos a unos personajes que se adentran en un territorio peligroso y dejar que la amenaza crezca poco a poco en nuestra imaginación.
Cuando el terror se combina con el western, además, aparece una dimensión muy especial: la de unos personajes que parecen enfrentarse a un mundo inmenso, hostil y ajeno a su voluntad.
Y ahí es donde esta mezcla de géneros encuentra su mayor atractivo y Montpelier consigue explotarlo
Si hay algo que me llama la atención de Montpelier, es su apariencia visual.
El blanco y negro no funciona únicamente como una elección estética. Es una declaración de intenciones.
Dan Bravo explica que buscaba remitir inconscientemente al espectador a otra época y emular, en la medida de lo posible, la textura del celuloide. Al eliminar el color, concentrando toda nuestra atención en la iluminación, las sombras y las texturas.
Y esa decisión encaja perfectamente con la historia que quiere contar.
El blanco y negro tiene una capacidad extraordinaria para transformar los espacios y convertirlos en algo misterioso. Un bosque puede dejar de ser simplemente un bosque para convertirse en un territorio amenazador. Un rostro puede adquirir una expresividad diferente cuando la luz marca sus facciones. Y una sombra puede sugerir la presencia de algo que preferiríamos no encontrar.
Es una herramienta que el cine clásico de terror conocía muy bien y que aquí se convierte en una parte fundamental de la identidad de la película.
Pero lo interesante es que la intención de Dan no consiste simplemente en imitar el cine antiguo.
Sus propias palabras resultan reveladoras: quiere recuperar algo de la magia de un cine que ya no se hace, pero sin convertir su película en una pieza de museo ni alejarla de la sensibilidad contemporánea.
Y esa diferencia es importante.
Una cosa es copiar la apariencia de una película de otra época y otra muy distinta es comprender qué hacía especial a aquel cine y tratar de recuperar parte de su espíritu.
Porque la nostalgia, por sí sola, no basta para construir una película. Lo verdaderamente interesante es utilizar esa tradición como punto de partida para contar algo propio.
En este caso, la apuesta visual se complementa con una curiosidad técnica: el cortometraje se rodó con las mismas lentes que se utilizaron en producciones tan conocidas como Anora, de Sean Baker, o The Batman, de Matt Reeves.
Un detalle que nos recuerda que detrás de una propuesta con apariencia clásica también hay decisiones técnicas contemporáneas.
Y, por supuesto, no podemos hablar de la atmósfera de Montpelier sin mencionar su música.
La banda sonora original corre a cargo de Mars Rovell, un cantautor cuya aportación, según explica el director, ha sido fundamental para dar personalidad a las imágenes.
Entre sus referencias musicales se encuentran Ennio Morricone, Henry Purcell y la banda sonora de Drácula, la película dirigida por Francis Ford Coppola en 1992.
Pero hay otra inspiración especialmente significativa: El cant dels ocells, una melodía tradicional catalana que alcanzó una enorme popularidad internacional gracias a las interpretaciones de Pau Casals al violonchelo.
En Montpelier, esta melodía aparece vinculada a Sebastià, que la silba para rendir homenaje a los fallecidos o encontrar fuerzas ante el peligro.
Es una elección cargada de significado. Frente a la oscuridad, la violencia y la presencia de la muerte, aparece una melodía que conecta con la memoria, la pérdida y la humanidad de los personajes.
Y ese contraste entre lo terrible y lo íntimo puede aportar una dimensión emocional muy especial a una historia de estas características.
6. LOS ACTORES Y LA HUMANIDAD DE LOS PERSONAJES
Otro de los grandes retos del proyecto fue encontrar a los intérpretes adecuados.
Interpretar a personajes del siglo XVIII no es una tarea sencilla. El lenguaje, los gestos, la manera de moverse y la forma de relacionarse con el mundo requieren un trabajo específico para que los personajes resulten creíbles.
Finalmente, los papeles protagonistas recayeron en Mikel Iglesias y David Olivares, dos intérpretes con trayectorias diferentes que aportan personalidades distintas a los personajes de Jaume y Sebastià.
Mikel Iglesias se hizo conocido para el gran público gracias a la serie Pulseras rojas y posteriormente participó en producciones como Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar.
David Olivares, por su parte, cuenta con una amplia trayectoria, especialmente vinculada al ámbito catalán y al humor televisivo, donde destacó por su participación en el programa satírico Polònia.
Dan Bravo buscaba inicialmente unos personajes más cercanos a esos cowboys silenciosos, solemnes e impenetrables que tan bien conocemos gracias al western clásico.
Sin embargo, la química y el trabajo de los actores terminaron conduciendo a una interpretación diferente, más humana y cercana.
El propio director resume ese descubrimiento con una comparación muy cinematográfica: buscaba a Clint Eastwood y acabó encontrándose con Eli Wallach.
Y la comparación resulta muy sugerente.
Porque, en ocasiones, los personajes que más nos interesan no son los héroes invulnerables, sino aquellos que dejan entrever sus debilidades, sus contradicciones y sus momentos de humanidad.
En una historia de terror, esa dimensión humana puede resultar especialmente importante. Cuanto más cercanos sentimos a los personajes, más nos importa lo que les sucede y más nos afecta aquello a lo que deben enfrentarse.
La amenaza sobrenatural puede despertar nuestro miedo, pero son los personajes quienes consiguen que nos impliquemos emocionalmente en la historia.
Y esa combinación entre lo perturbador y los instantes de cercanía es uno de los elementos que el director quiso potenciar en la relación entre los dos protagonistas.
7. UNA PRODUCCIÓN LLENA DE DIFICULTADES
Por supuesto, una película no se hace únicamente con una buena idea. Detrás de cada plano hay un equipo, una planificación y una enorme cantidad de trabajo que el espectador muchas veces ni siquiera llega a imaginar.
En el caso de Montpelier, el proceso comenzó a tomar forma durante el verano de 2024. El rodaje tuvo lugar en septiembre de 2025 y la posproducción concluyó a finales de septiembre de 2026.
El rodaje se desarrolló durante apenas dos jornadas, en una finca cercana a Manresa, un tiempo muy ajustado para una producción que necesitaba recrear distintas localizaciones y ambientaciones históricas.
El equipo tuvo que transformar un sótano vacío en una taberna del siglo XVIII y construir desde cero un cementerio de campaña en mitad del campo.
Además, el rodaje estuvo acompañado de distintos contratiempos, incluidos daños materiales. Sin embargo, gracias al esfuerzo de todo el equipo, consiguieron sacar adelante el proyecto.
La película también logró reunir a varias productoras y entidades colaboradoras, entre ellas PlayTime Movies, responsable de películas como Casa en llamas y 42 segundos, y La Perla 29, una compañía teatral de gran prestigio en Barcelona.
Y hay una anécdota que demuestra hasta qué punto el equipo cuidó los detalles: la sangre que aparece en pantalla era de color azul durante el rodaje, para conseguir exactamente la tonalidad oscura que buscaban en la imagen final.
Son detalles que nos permiten comprender mejor la cantidad de decisiones que hay detrás de una película y el trabajo necesario para conseguir que todos sus elementos formen parte de un mismo universo.
Y quizá este sea uno de los aspectos más admirables de un proyecto como Montpelier: la capacidad de reunir a un equipo, afrontar las dificultades y mantener una visión cinematográfica hasta el final.
Porque el cine también es eso. Resolver problemas, adaptarse a las circunstancias y continuar trabajando incluso cuando las cosas no salen como estaban previstas.
8. NUESTRA VALORACIÓN
Llegados a este punto, creemos que merece la pena volver a la idea con la que comenzábamos esta reseña.
Montpelier es un cortometraje dirigido por un cineasta de tan solo diecinueve años que ha decidido apostar por una historia de terror con personalidad propia, apoyándose en la tradición del western y en la estética del cine clásico.
Y eso, en sí mismo, ya nos parece una propuesta estimulante.
Nos gusta que haya jóvenes cineastas interesados en mirar hacia atrás para encontrar nuevas formas de contar historias. Que comprendan que el cine no consiste únicamente en seguir las tendencias del momento, sino también en conocer su historia, estudiar a quienes nos precedieron y descubrir qué podemos aportar nosotros.
La combinación de terror vampírico, ambientación histórica, blanco y negro y música de inspiración clásica revela una búsqueda estética muy concreta.
No se trata solamente de contar una historia de una criatura que amenaza a unos personajes. Se trata de construir un mundo, de darle una identidad visual y sonora y de intentar que el espectador se sumerja en él.
También nos parece muy interesante la voluntad de recuperar esa forma de hacer cine en la que la atmósfera y la sugerencia ocupaban un lugar tan importante.
Porque el terror no siempre necesita gritar para hacerse escuchar. A veces basta con una presencia que no vemos, un silencio que se prolonga demasiado o la sensación de que algo nos observa desde la oscuridad.
Y cuando una película consigue despertar nuestra imaginación, el miedo puede continuar mucho después de que la pantalla se haya quedado a oscuras.
Por supuesto, un cortometraje es también un espacio de aprendizaje. Cada proyecto supone una oportunidad para descubrir qué funciona, qué se puede mejorar y hacia dónde quiere dirigirse un cineasta.
Pero precisamente por eso resulta tan interesante seguir la trayectoria de alguien que ya está experimentando con sus propias inquietudes y que, además, tiene por delante tantos años para continuar creciendo.
Desde CINEFILIA queremos felicitar a Dan Bravo y a todo el equipo que ha hecho posible Montpelier. No solo por haber terminado una producción con tantas dificultades, sino por haber apostado por una propuesta que busca su propia personalidad y que demuestra una evidente pasión por el cine.
9. DESPEDIDA
Y ahora llega el momento de que seáis vosotros quienes descubráis Montpelier.
El cortometraje comienza su recorrido por festivales, así que os recomendamos seguir las redes sociales de Dan Bravo para conocer las próximas proyecciones y las ciudades en las que podrá verse.
También estaremos atentos a sus futuros proyectos, especialmente a ese primer largometraje que está escribiendo.
Quién sabe. Quizá dentro de unos años volvamos a encontrarnos con su nombre al hablar de una película mucho más grande.
Lo que sí sabemos es que, con trabajos como este, Dan Bravo está dando pasos para abrirse camino en el mundo del cine.
Y desde CINEFILIA nos alegra poder acompañarlo en ese comienzo.
Si habéis visto Montpelier, contadnos qué os ha parecido en los comentarios. ¿Os gusta este regreso a la estética del terror clásico? ¿Creéis que el blanco y negro sigue teniendo una fuerza especial dentro del género? Y, sobre todo, ¿os gustaría ver más historias que combinen el western con el terror?
Nos encantará leeros.
Si os ha gustado esta reseña, recordad darle a «Me gusta», suscribiros al canal y compartir el vídeo con otros amantes del cine.
Nos despedimos por hoy, pero no sin antes dar las gracias a Dan Bravo por compartir su trabajo con nosotros y permitirnos descubrir esta pequeña aventura cinematográfica.
Porque en CINEFILIA creemos que el cine también se construye apoyando a quienes empiezan, descubriendo nuevas voces y celebrando la pasión de quienes se atreven a contar sus propias historias.
Y ahora sí, nos vemos en la próxima reseña.
¡Hasta pronto, cinéfilos!