Bienvenido, ha llegado justo cuando hemos abierto, las mesas están todas libres y puede sentarse donde quieran, el problema es que más allá del pianista y yo no hay nadie para preparar su combinado favorito, asi que si no le molesta, dejéme que le cuente una breve historia músical, un acontecimiento único e irrepetible, algo que seguramente no vuelva a ocurrir jamás y fue la confluencia de 3 genios de la música en un mismo espacio...
Pero antes dejeme que le ponga en antecedentes.
A comienzos de la década de los setenta, concretamente a febrero de 1972. En aquella época, la televisión estadounidense tenía un pulso muy particular, un ritmo diario que marcaban los magacines de tarde emitidos a través de distintas cadenas locales por todo el país, de esa forma conseguían competir con las grandes cadenas de televisión, pero a un coste mucho más moderado.
Entre todos ellos brillaba con luz propia un espacio mítico: The Mike Douglas Show.
Era un programa de referencia absoluta, un punto de encuentro insustituible en los hogares norteamericanos de lunes a viernes y a plena luz del día. Su carismático presentador, Mike Douglas, había logrado algo extraordinario: convertir un formato aparentemente convencional en un escaparate cultural de primer orden. No era solo un programa de entrevistas; era una ventana abierta a la vanguardia, a la música y a la contracultura del momento. Por su plató desfilaban los nombres más grandes de la política, del activismo y de las artes, creando un puente fascinante entre el entretenimiento popular y los grandes debates en una época que cambiaba a velocidad de vértigo.
Mike Douglass sabía llamar la atención cómo nadie, arrasaba en audiencias por acciones tan arriesgadas cómo las que vamos a contar, verán durante una semana entera hizo algo completamente insólito.
Tómo a dos figuras del momento cómo eran John Lennon y Yoko Ono y fueron invitados como co-presentadores durante cinco días consecutivos. Imagínatelo.
el ex Beatle más contestatario, el icono de la paz y la modernidad, mandando y desfilando por un plató de televisión diurna cada tarde, trayendo consigo a su universo a músicos, pensadores y agitadores culturales. Fue un acontecimiento televisivo sin precedentes, un choque cultural en directo que mantuvo a millones de espectadores pegados al televisor día tras día, esperando siempre a ver qué inesperada frontera cruzarían a continuación.
Y así llegamos a uno de esos días marcados a fuego de la historia del rock and roll.
Corría esa misma semana de febrero de 1972 en el plató de Mike Douglas cuando el invitado estrella de la tarde fue nada menos que el arquitecto fundamental de toda aquella música: Chuck Berry. Para John Lennon, tener en frente al hombre que había escrito los acordes que le marcaron en su juventud no era simplemente recibir a una leyenda; era encontrarse cara a cara con su absoluto dios terrenal, con la fuente primigenia de todo lo que él mismo había querido ser sobre un escenario.
La tensión en el ambiente era palpable, una mezcla de reverencia absoluta y nervios por lo que iba a ocurrir. Pero no sólo por parte de Lenon y Douglas, todo el mundo sabía que ese acontecimiento era único y probablemente irrepetible, así que nada podía salir mal, la productora del programa tomó a los mejores técnicos ese día para que nada fallara, por que el programa se hacía en directo.
Cuando Chuck Berry se sentó en el sofá para charlar con Mike Douglas y con los propios John y Yoko, el tiempo pareció contraerse. Estábamos ante el cruce de dos momentos únicos de la música: el pionero absoluto del blues y el rock primitivo, el hombre de la guitarra de madera y el paso de pato, compartiendo espacio con el icono moderno que había dinamitado los límites de la música de masas desde Liverpool.
Hacia el final de la entrevista, tras intercambiar anécdotas y cruzar miradas cargadas de una complicidad subterránea, flotaba en el ambiente una pregunta que todos los espectadores en casa y todos los técnicos en el control estaban rumiando con el corazón en un puño. ¿Se atreverían a tocar juntos? Para el público de la época, ver sobre las tablas a Chuck Berry y a John Lennon compartiendo micrófonos representaba la colisión perfecta de dos mundos: el puente definitivo entre los años cincuenta y los setenta, el momento exacto en que el creador y el alumno más brillante unían sus destinos en directo ante millones de almas atónitas.
Y pasó, Yoko Ono, John Lenon y Berry se levantaron juntos y se dirigieron al escenario, aquí es cuando va a ocurrir un momento único, la conjunción de tres genios en un mismo espacio, tres genios que nos regalaron un momento único en la historia del Rock and Roll y por que no decirlo, de la televisión tambien.
Chuck Berry colgó su inseparable Gibson ES-335, y John Lennon ajustó su guitarra con una mezcla de devoción temblorosa, su lado, Yoko Ono ocupó una posición cercana junto al microfono, dispuesta a realizar los coros.
Y Arrancaron los primeros acordes, para hacer de ese instante un momento único.
Empezaron con un par de los temas más emblemáticos del cancionero de Berry, el genio del Rock and Roll estaba en su mejor momento y eso se notaba. Era historia viva de la música colándose en las salas de estar de millones de familias norteamericanas. Nuestro primer genio.
John Lennon está en pleno trance, viviendo el sueño más puro de su adolescencia convertida en realidad. Cierra los ojos, se inclina sobre el micrófono y canta con una urgencia febril, como si el niño de Liverpool que escuchaba discos en secreto en su habitación se hubiera apoderado de su garganta. Es una mezcla de respeto sagrado hacia el maestro y de pura euforia colectiva; se le notaba en las manos, en la forma en que muerde cada palabra del estribillo, disfrutando cada segundo de estar ahí arriba junto al hombre que inventó el compás del rock and roll. Nuestro segundo Genio
Es en ese mismo momento donde Yoko Ono decide que también debe formar parte del clímax, de ese momento único. Así que toma el micrófono, abre la boca y se lanza a improvisar con esos chillidos agudos que ella hacía en la Plastic Ono Band.
Y entonces, se hace la magia, un momento que quedó marcado en la historia de la música, el técnico de sonido, una persona anonima que aún no se sabe su nombre, desconectó el micro de Yoko Ono, la apagó los chillidos que estaban destrozando como un hacha de carnicero el momento musical que se estaba viviendo en ese mismo momento, un heroe común y corriente que salvó para la historia de la música moderna uno de los isntantes más sublimes que ha dado el siglo 20. nuestro tercer genio
Yoko, abría la boca a pleno pulmón para soltar sus alaridos de vanguardistas... del que no sale absolutamente nada. Cero. Silencio radiofónico total.
Ella, al principio, frunce un poco el ceño. Se aparta el pelo de la cara, mira al micro como si fuera un bicho raro, se acerca un poco más, le da golpecitos con el dedo en la rejilla con cara de no entender nada, y vuelve a intentarlo con otra tanda de agudos celestiales que se quedan atrapados en el vacío de la falta de sonido. Y mientras tanto, la banda es consciente de lo que ha pasado, sus risas contenidas indicaba que eran conscientes de la jugada de ese maravilloso técnico y quizá en tributo a él o por que se dieron cuenta del momento, tocaron como pocas veces lo hicieron.
El resultado un miniconcierto que pasó con letras de oro dentro de la historia musical, un momento único donde 3 genios se reunieron en un mismo espacio.
Vaya, ya ha llegado el camarero, ahora vienen a tomarle nota y creo que tengo más clientes, así que colórin colorado, esta historia de 3 genios ha terminado. Disfrute de su día.
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