jueves, 1 de octubre de 2026

El monstruo de franquentein Gotico Parte 2

 

Buenas noches. Tome asiento en su mesa habitual, la que mira hacia el rincón del piano. Mientras prepara su copa, permítame abrir este nuevo capítulo de nuestra noche literaria retomando el hilo de donde lo dejamos la última vez.

La literatura gótica, ¿Lo recuerda?, Claro, pero aún así dejeme que le refresque la memoria, el gótico, como bien recuerda, nació como una grieta en la fachada de la Ilustración, que exploró las ruinas fantasmagoriacas, el terror a la sobrenatural y los recovecos más oscuros de la psique humana.

Aquel genereno no podía desaparecer sin dejar un eco definitivo. Verán: el movimiento gótico experimentó una apoteosis, una transformación radical que cerró su ciclo clásico pero abrió las puertas a algo completamente nuevo. Hacia principios del siglo XIX, las convenciones del género —los castillos encantados, los fantasmas tradicionales y los villanos de opereta— empezaban a agotarse, exigiendo un revulsivo que conectara con las ansiedades reales de una humanidad que se adentraba a marchas forzadas en la era industrial.

Ese punto de inflexión, esa obra cumbre que supuso al mismo tiempo el final del gótico clásico y el nacimiento de una era distinta, vio la luz en el verano de 1816. Un verano sin verano, encapotado por las cenizas del volcán Tambora, que obligó a un grupo de jóvenes intelectuales reunidos en Villa Diodati, a orillas del lago Lemán, a pasar los días contando historias de terror fantasmagórico. Entre ellos se encontraba una joven de diecinueve años llamada Mary Shelley.

No nos detendremos hoy en su biografía, pues su figura merece un relato propio más adelante; baste saber que de aquella atmósfera tormentosa, de las largas conversaciones sobre el galvanismo, los experimentos con electricidad y la posibilidad de reanimar materia muerta, germinó la novela. Mary Shelley ideó la historia de un científico obsesionado con superar los límites de la naturaleza, capaz de ensamblar un cuerpo a partir de despojos de la muerte y devolverle el parpadeo de la vida.

O lo que es lo mismo, un médico ilustrado, quitando el único poder que diós tenía sobre el humano, la muerte, si ese hombre revivia a un muerto, enmendaba un designio divino... ¿Entienden el escandalo de aquella historia en aquel momento? 

pues bien En 1818 se publicó de forma anónima Frankenstein o el moderno Prometeo. Y el impacto literario fue inmediato y profundamente polarizado. En su momento, los sectores más conservadores de la crítica británica la recibieron con auténtico espanto y desprecio moral. Revistas de la época la tildaron de obra abominable, nauseabunda, impía y escandalosa, incapaces de digerir que una mujer joven hubiera escrito un relato tan visceral sobre la soberbia científica y el abandono filial. Para muchos, era poco más que un producto grotesco y degenerado del gusto romántico por lo macabro. Sin embargo, el público lector devoró los ejemplares. La novela conectó de manera instantánea con los miedos latentes de una sociedad que empezaba a ver cómo la ciencia y la industria transformaban el mundo de forma irreversible, arrancándole al hombre el control sobre su propio destino y enfrentándolo a creaciones que ya no podía dominar.

Pero no piensen en la obra como una novela impía, todo lo contrário, era profundamente debota, pero a su manera, la reveldía de la juventud de la escritora, no tenía limites. pero aún así. El doctor altivo, no fracasaba, si no que fue mucho peor, tuvo éxito y el destino le tenía preparado un castigo mil veces peor que si hubiera fracasado.

Una novela que si no lo has hacho todavía, tienes que leer. pero volvamos a nuestra historia. 

Con los años, la propia Mary Shelley volvió sobre su criatura. Es fundamental comprender que la obra que hoy conocemos no es exactamente la misma que se imprimió en 1818. En 1831, tras el fallecimiento de su esposo, el poeta Percy Bysshe Shelley, y de sus hijos, Mary preparó una edición revisada para la popular colección de novelas estándar de la editorial Colburn & Bentley. 

En esta versión de 1831, introdujo modificaciones estilísticas y, sobre todo, un prólogo autobiográfico célebre donde explicaba cómo había surgido la pesadilla en el lago Lemán. Pero el cambio más profundo fue de carácter filosófico y moral: suavizó algunos aspectos del libre albedrío original y dotó a los personajes de un fatalismo más marcado, sugiriendo de una manera más palpable que Victor Frankenstein estaba destinado inexorablemente a su tragedia por una fuerza superior o lo que es lo mismo, una maldición divina, 

Pero el verdadero alcance de Frankenstein trasciende con creces el éxito de su época o las revisiones de su autora. Lo que hizo Mary Shelley en aquel manuscrito fue fundar, de manera oficial, un territorio literario completamente nuevo: la ciencia ficción moderna.

Hasta entonces, los relatos fantásticos o los viajes imaginarios dependían de la magia, de mundos lejanos o de la intervención sobrenatural de los dioses. Shelley eliminó lo sobrenatural por completo. Sustituyó el conjuro del nigromante por el laboratorio del científico; cambió el espectro medieval y el fantasma de castillo por una criatura engendrada mediante la física, la química y la electricidad. El terror ya no venía del pasado feudal ni de la superstición religiosa.

Se adelantó como una vinsionaria al porvenir tecnológico, y nos advirtió de los peligros inherentes al progreso desbocado y de la soberbia humana frente a las leyes de la naturaleza.

Con este paso, la novela gótica tradicional se metamorfoseó. El monstruo de Frankenstein dejó atrás los pasadizos de piedra para instalarse en los laboratorios, en las ciudades industriales y en las conciencias de un mundo moderno que empezaba a comprender que sus mayores amenazas ya no vendían de los fantasmas del pasado, sino de los avances cientificos actuales.

Con aquella obra murió el gótico clasico y comenzó el romanticismo, pero lo más importante, aquella reflexión dejó para el mundo actual, la cienca ficción clásica, esa que nos habla de adelantos futuros que acertadamente iban a llegar, Shelley es más que una simple escritora, es el totem del avance literario y creadora de un género, una mujer de una vida marcada por la perdida, la soledad y la desolación una vida que os tenemos reservada para el cierre de este ciclo del gótico, la vida de Mary Shelley, vamos a mover el foco, vamos a desenfocar la lente que deja nítido a su personaje, para que ahora la protagonista sea ella. su vida, la vida de un genio torturado, pero eso será la proxima vez que venga al bar así que colorín colorado, esta historia de una novela de terror, ha terminado 

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