Verán, hay películas que, con el paso del tiempo, llegan a ser tan poderosas, tan míticas y tan importantes dentro de la historia del cine, que terminan eclipsando incluso a aquellas obras que les dieron origen. Remakes que alcanzan tal dimensión que, cuando pensamos en ellos, resulta difícil recordar que antes existió otra versión. Y, en ocasiones, hasta llegamos a olvidar que esa historia ya había sido contada.
Ya hablamos de ello en una reseña anterior, cuando nos acercamos a esa curiosa capacidad que tiene el cine para apropiarse de una historia, reinventarla y convertirla en algo tan extraordinario que acaba instalándose para siempre en la memoria colectiva. Hoy volvemos a encontrarnos ante uno de esos casos. Una película que no solo logró trascender a su precedente, sino que terminó convirtiéndose en una referencia indiscutible de su género.
Pero, para entender bien lo que tenemos delante, debemos retroceder un poco. Porque esta historia no nació para el cine. Su origen se encuentra en una producción británica estrenada en 1940, que adaptaba una obra teatral de Patrick Hamilton, uno de esos dramaturgos capaces de convertir los espacios cotidianos en escenarios de auténtica pesadilla psicológica.
Y es precisamente ahí donde reside una de las claves de esta historia. En una obra teatral sobresaliente, construida sobre la tensión, la manipulación y esa inquietante sensación de que algo no encaja, aunque no siempre sepamos identificar exactamente qué está sucediendo. Una historia que demuestra que, en ocasiones, el terror más efectivo no necesita de muchos artefactos.
Verán, la producción británica de 1940 merece, por sí misma, una atención especial. De hecho, nuestra intención es dedicarle nuestra próxima reseña, en la que podremos detenernos en sus características, analizar sus virtudes y establecer una comparación entre ambas versiones. Por eso, hoy no vamos a profundizar en ella. Preferimos reservar ese análisis para la próxima semana y así descubrir cómo se trasladó aquella historia a la pantalla y qué diferencias existen entre las dos películas.
Así que pensar en esta reseña como en la primera parte de una continuación.
Pero vamos a arremangarnos por que hoy, lo que nos toca, es hablar de la versión que, para muchos espectadores, terminó convirtiéndose en la definitiva. Una película que tomó una historia extraordinaria y la transformó en una experiencia cinematográfica fascinante, apoyándose en una atmósfera opresiva, unas interpretaciones memorables y una puesta en escena capaz de convertir lo aparentemente normal en algo profundamente perturbador.
Una película que juega con nuestra percepción, que nos invita a desconfiar de lo que vemos y escuchamos, y que nos recuerda que el hogar, ese lugar donde deberíamos sentirnos seguros, también puede convertirse en el escenario de nuestros peores temores.
Y ahora sí, bienvenidos, bienvenidas queridos amigos y amigas de cinefilia Luz que agoniza, el remake de 1944 de Luz de gas, aúnque en ingles ambas tienen el mismo título la inconfundible obra maestra Gaslight de George Cukor. Un film extraordinaro para ponerteló en la noche o visperas de Halloween
Pues bien, me imagino que la primera pregunta que os ronda por la cabeza es. ¿Por qué la Metro-Goldwyn-Mayer decidió realizar una nueva versión de una película que apenas tenía cuatro años de antigüedad? Verán Para comprenderlo, debemos situarnos en el Hollywood de los años cuarenta, en una industria perfectamente engrasada, capaz de sacar títulos como si de una factoría de coches se tratara y que las películas sólo se podían ver en el momento que eran proyectadas en salas
Y la película británica del 1940, dirigida por Thorold Dickinson, ya había llevado a la pantalla la extraordinaria obra teatral de Patrick Hamilton. Pero MGM quiso hacer su propia adaptación, gracias a que ese film aunque estrenado, tuvo que usar un nombre diferente Angel Street por que aún en brodway estaba la obra teatral en funcionamiento, así que muchas personas no la vieron y otras no la relacionaros, un caso perfecto para que con un presupuesto mucho mayor, un reparto de primer nivel y todos los recursos técnicos de uno de los estudios más poderosos del mundo. Convertir aquel remake en la adaptación oficial y para ello la Metro Goldwind Mayer hizo que desaparecieran las copias de la película británica en los estados unidos, e incluso se ha documentado su empeño por destruir el negativo original para todo el mundo. La intención era evitar que la versión anterior compitiera con la nueva producción. Una decisión que hoy nos resulta extraordinaria y que, afortunadamente, no consiguió borrar aquella primera película de la historia del cine.
La metro, tomó todo lo que tenía, los mejores técnicos y artístas para hacer esa memorable versión y para dirigir esta nueva adaptación, el estudio recurrió a George Cukor, un cineasta que ya había demostrado una extraordinaria sensibilidad para trabajar con los actores y explorar las relaciones humanas. Cukor no era de esos autores que buscaban el espectáculo. Su gran virtud consistía en observar a sus personajes, descubrir sus contradicciones y construir una tensión que, poco a poco, terminaba atrapando al espectador. O lo que es lo mismo, buscaba la maldad en la propia humanidad del personaje, no en vano es uno de esos directores que están en el Olimpo de este oficio
El reparto fue otra de las grandes pauestas de la Metro. Ingrid Bergman interpreta a Paula, una mujer cuya seguridad y confianza en sí misma van desmoronándose progresivamente. A su lado encontramos a Charles Boyer, que compone un Gregory Anton un encantador marido atento y protector. La amenaza de su personaje no reside únicamente en lo que hace, sino en su capacidad para manipular la percepción de la realidad.
Joseph Cotten aporta una presencia fundamental a la historia, mientras que May Whitty y Angela Lansbury completan un reparto en el que cada personaje contribuye a crear esa atmósfera de sospecha. Para Lansbury, que interpreta a la joven criada Nancy, la película supuso además su debut cinematográfico. Y resulta fascinante recordar que una actriz que acabaría convirtiéndose en una de las grandes figuras de la interpretación comenzó su carrera con un personaje secundario tan importante para el desarrollo de esta historia.
Ahora dejame que te cuente un poco de que va esta película, pero como siempre sin hacer spoilers, no son necesarios, si la has visto ya sabes lo que pasa y si no la has visto, desvelarte de más es una autentica faena. así que tranquilos. Sólo un pequeño parentesis antes.
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Pues ya está, ves que rápido.
Pues vamos a la trama de la película.
La historia nos traslada al Londres de final de siglo en la época victoriana, donde Paula Alquist, una joven que arrastra un doloroso pasado familiar, encuentra de nuevo el amor en Gregory Anton, un hombre encantador con quien termina casándose. Juntos se instalan en la antigua casa de su tía, una célebre cantante asesinada años atrás en circunstancias nunca aclaradas.
Pero lo que debería ser el comienzo de una nueva vida pronto se transforma en una auténtica pesadilla. Pequeños objetos que desaparecen, ruidos inexplicables en el piso superior y unas luces de gas que parecen perder intensidad sin motivo que comienzan a inquietar a Paula. Sin embargo, Gregory insiste en que todo está en su imaginación, que su memoria le falla y que su comportamiento resulta cada vez más extraño.
Aislada del mundo y sometida a una presión psicológica constante, Paula empieza a dudar de su propia cordura. Y hasta aquí te voy a contar el resto de la trama, de la deliciosa trama, tienes que verla tu.
Veréis, no es de extrañar que esta película obtuviera siete nominaciones a los premios Óscar, en la ceremonia celebrada en 1945 Entre ellas figuraban mejor película, mejor actor para Boyer, mejor actriz de reparto para Lansbury, mejor guion adaptado y mejor fotografía en blanco y negro. Finalmente, consiguió dos estatuillas: mejor actriz para Ingrid Bergman y mejor dirección artística en blanco y negro, un reconocimiento al trabajo de Cedric Gibbons, William Ferrari, Edwin B. Willis y Paul Huldschinsky.
Pero los premios, por importantes que sean, no explican por sí solos por qué estamos ante una obra maestra.
la obra es parte fundamental de esa excelencia del cine. Un trabajo único, donde el uno de los mayores estudios del momento quiso que fuera la gran adaptación de la obra teatral y para ello el guion fue escrito por John Van Druten, Walter Reisch y John L. Balderston, a partir obimaente de la obra de Hamilton. Los guionistas conservaron el núcleo de la historia, pero ampliaron determinados elementos, reforzaron la investigación policial y construyeron una narración cinematográfica más desarrollada. La versión de Cukor se aleja en varios aspectos de la adaptación británica, más próxima al original teatral, para ofrecernos una experiencia más suntuosa y atmosférica, a veces recordando al cine negro o policial
Y por otro lado la fotografía de Joseph Ruttenberg, uno de los grandes responsables de que esta película resulte tan inolvidable. Rodada en blanco y negro, utiliza las sombras, los contrastes y los espacios cerrados para convertir la casa en una presencia amenazadora. La iluminación de gas, que da título a la película, no es un simple detalle de época: se convierte en una pieza esencial del suspense. Cada habitación parece esconder algo y cada rincón contribuye a que compartamos la creciente inseguridad de Paula.
A ello se suma la banda sonora de Bronisław Kaper, que acompaña el drama con sus compases de una forma sobervia. Verán, La música ayuda a sostener la tensión y a reforzar ese ambiente gótico, entre el melodrama y el misterio, que envuelve toda la narración. Sin ella, esta obra no sería lo que llegó a ser
Pero quizá la mayor virtud de Luz que agoniza sea Ingrid Bergman. Su interpretación no consiste simplemente en representar a una mujer aterrorizada. Lo extraordinario es observar cómo cambia su comportamiento, cómo empieza a desconfiar de sus recuerdos y cómo cada pequeña equivocación parece confirmar aquello que su marido le dice. Bergman nos permite experimentar esa pérdida de confianza desde dentro. Por eso su Óscar a la mejor actriz fue mucho más que un reconocimiento a una interpretación brillante: fue el premio a una construcción psicológica de enorme complejidad.
Charles Boyer, por su parte, resulta especialmente eficaz en este papel, demostrando por que era uno de los grandes. Su encanto es rotundo, capaz de conquistar hasta la lente de la cámara. En una película que necesita de esa actuación o nada funciona
No es casualidad que, décadas después, la expresión inglesa gaslighting o Luz de gas se convirtiera en una expresión habitual, hoy quizá en desuso, pero que durante mucho tiempo era bastante común
De hecho, en 2019, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos incorporó Luz que agoniza al Registro Nacional, por su importancia cultural, histórica y estética. Una distinción que confirma la permanencia de una obra que continúa fascinando a nuevas generaciones. Y que espero que si no la conoces, te adentres de lleno en esta obra que es simplemente inolvidable
Un film que es uno de los grandes clásicos del suspense psicológico. Con uno de los mejores directores de la historia del cine y con un reparto excepcional.
Otro de esos films que siendo del género del terror y suspense, ese género tan maltratado por los premios y críticos de cine, es una obra capital de este arte. un film que es una obra maestra indiscutible y es genial para estas fechas de Haloween.
Y llegamos al final de nuestro recorrido por Luz que agoniza, una de esas películas que nos recuerdan que el buen cine de suspense sólo necesita de una mirada, un silencio, un ruido en una habitación vacía o una luz que comienza a apagarse lentamente para conseguir que el espectador sienta una inquietud difícil de olvidar.
Y precisamente por eso, si todavía no habéis visto esta película, os recomiendo que le deis una oportunidad. Pero hacedlo sabiendo qué vais a encontrar: una historia que se toma su tiempo, que construye su atmósfera con paciencia y que confía plenamente en la inteligencia del espectador. Aquí el terror nace a fuego lento con esa sensación angustiosa de no poder confiar ni siquiera en aquello que tenemos delante de nuestros ojos.
George Cukor nos regala una puesta en escena que convierte una casa victoriana en un espacio opresivo, casi claustrofóbico.
Es cierto que estamos ante una película de otra época, con un ritmo y una forma de narrar muy diferentes a los del suspense contemporáneo, eso os lo quiero avisar. Pero precisamente ahí reside buena parte de su encanto.
Así que, si os apetece disfrutar de un clásico, de una película que combina misterio, elegancia, interpretaciones memorables y una atmósfera verdaderamente inquietante, no dejéis pasar la oportunidad de descubrirla. Y si sois amantes del cine de suspense, os aseguro que merece ocupar un lugar destacado en vuestra lista de películas pendientes.
Y ya vamos a despedirnos, hemos adelantado ya la siguiente reseña que será la versión británica de este film pero para empezar, tenemos que terminar antes esta y no me puedo marchar sin antes, desearte que seas inmensamente feliz o que luches por ello y como no puede ser de otra forma que vivas el cine
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