Hay noches en las que uno siente que viene a contar algo importante.
A encender una pequeña luz en mitad de la noche.
Hoy vengo a hablar de copla.
Sí… ya lo sé.
Eso que a veces suena a “canciones de abuela”, a otro tiempo, a otra forma de sentir.
Pero la copla, de la que vamos hablar no es otra que “Ojos Verdes”.
“Ojos verdes, verdes como la albahaca…”
Solo esa frase ya tiene más historia que la mayoría de canciones.
A principios de la década de los 30, el café La Granja Oriente, en Barcelona, acogía el encuentro entre tres grandes artistas, cada uno en su ámbito, de las artes españolas. Concretamente, estamos hablando del poeta Federico García Lorca, del letrista Rafael de León y, por supuesto, de Miguel de Molina el faraón de la copla.
Se dice que Lorca, al leer el poema del letrista, se acordó rápidamente de su Romance sonámbulo, en el que expresa su amor por el verde, y, cuando se lo hizo saber, León le respondió con gracia: “Federico, ¿no pensará que el color verde es patrimonio tuyo?” aunque No hay actas claras de todo, sólo leyendas y relatos, ahí queda ese inicio de la canción, una canción nacida antes de que todo se torciera con una guerra que partió españa en dos.
“Ojos Verdes” detrás de su melodía elegante, lo que hay es una historia muy concreta y libre:
El encuentro sexual entre una prostituta y un cliente.
Apoyá en el quicio de la mancebía,
miraba encenderse la noche de mayo
pasaban los hombres y yo sonreía,
hasta que en mi puerta paraste el caballo.
la canción No juzga, No moraliza y no aparta la mirada.
es un poema sobre el deseo carnal en el que ella disfruta de una noche tan plena que decide no cobrarle.
dejaste mi brazo cuando amanecía,
y en mi boca un gusto de menta y canela.
¡Serrana! para un vestío
yo te quiero regalá
y yo te dije: ¡estas cumplío!
No me tienes que dar ná.
La copla, no busca el escándalo, lo trata con naturalidad propia de un mundo libre.
Cuando llega el momento de estrenarla, hay también una pequeña historia de tensiones.
Se dice que Miguel de Molina quería defenderla en su repertorio.
Pero finalmente fue Concha Piquer quien la estrenó con ese magnetismo suyo, casi teatral, que convertía cada canción en un pequeño acontecimiento.
Y así, como pasa con las grandes piezas, la canción acabó perteneciendo a los dos.
A dos formas distintas de entender el escenario pero con dos voces de entender el mismo país
Luego llega el tiempo que lo cambia todo.
La República primero.
Y después la guerra civil, tras ello el silencio.
Ese silencio que no siempre es ausencia de sonido, sino de libertad.
En ese nuevo contexto, “Ojos Verdes” empieza a incomodar.
Porque habla de lo que no se debía nombrar. Prostitución. Deseo. Sexo fuera del matrimonio.
Todo eso que el régimen prefería esconder bajo capas de corrección y miedo.
Y entonces ocurre lo de siempre cuando una canción molesta:
se vigila,
se recorta,
se suaviza, cambiando la letra, la mancebía que era como se llamaban los prostibulos de la época, pasa a ser la reja de la casa de su madre y la canción de deseo carnal pasa a un amor más acorde con los dictámentes de la moral imperante.
Miguel de Molina que seguía en el país cantando su repertorio y Ojos verdes, no es admitido en esa nueva españa. fue perseguido, golpeado, señalado una y otra vez, por el simple hecho de ser homosexual
Y en ese contexto de miedo, la canción cambia en su boca.Se adapta.Se repliega.
Porque a veces la supervivencia también obliga a traicionarse un poco.
Y ese miedo termina empujándole al exilio.
Mientras tanto, Concha Piquer sigue cantándola.
con la letra de siempre de la misma forma.
sin replegarse al cambio, lo que la hizo tener problemas y sanciones del régimen
Con el paso del tiempo, “Ojos Verdes” deja de ser peligrosa.
Y eso, en cierto modo, también es una forma de olvido.
Se convierte en repertorio clásico.
En copla de archivo.
En canción que ya no incomoda por que ya no se entiende y no se escucha.
se ha convertido en un objeto bonito del pasado.
Pero debajo sigue estando lo mismo.
Una habitación en mayo.
Una mirada verde.
Dos personas que no se prometen nada.
solo el deseo y el sexo sin más promesas que el recuerdo.
Subiste al caballo, te fuiste de mi
y nunca otra noche más bella de mayo
he vuelto a vivír.
Ahora parece que esa canción de reveldía ha pasado de moda, aquellos bellos poemas han muerto
Sólo espero, que la próxima vez que escuches en la radio esta copla, no la quites, recuerda esta historia de pasión y de reivindicación de libertad para cantarla
Nos quedamos aquí, el bar va cerrando, el pianista toca las últimas notas y colorín colorado, esta historia ha terminado
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