Verán, hoy toca echar la vista atrás un segundo para saborear el camino recorrido. Acabamos de cerrar un ciclo tremendo, un viaje intensísimo por la filmografía de uno de los actores más camaleónicos, potentes y magnéticos del cine europeo actual: el italiano Pierfrancesco Favino.
Ha sido un recorrido maravilloso por algunas de las películas de este actor, pero el broche de oro, el auténtico clímax de ese ciclo, lo pusimos con Suburra. Una absoluta barbaridad de película. Y Ahí no le dimos a Favino todo el protagonismo absoluto que se merecía.
Por que es hablar de Suburra y es hablar inevitablemente de la mano que mueve los hilos detrás de la cámara: Stefano Sollima. Con aquella película, Sollima no solo nos regaló un thriller impecable, sino que demostró la capacidad de dar un ritmo implacable del 'neopolicial' italiano moderno, heredero directo del mejor cine policíaco de los 70 pero con una factura visual apabullante.
Dejamos el listón en lo más alto. La soberbia actuación de Favino y la dirección milimétrica de Sollima nos dejaron con ganas de más. Y precisamente por eso, aquel final de ciclo no es una despedida, sino el puente perfecto. Porque cuando juntas a un director con esa fuerza y a un actor en estado de gracia, sabes que tarde o temprano los caminos se tienen que volver a cruzar... y el listón se va a poner aún más exigente."
Y es aquí donde vuelven a coincidir, Sollima, Favino y un maravilloso nuevo vector, el del incoparable Toni Servillo en una obra que tienes que ver si o si, por que no tienes excusa, verán perdida en el catálogo de Netflix la tienes dispuesta para su visionado, lástima que estas joyas se pierdan por que obras mediocres pero con más promoción, simplemente por que són made in hollywood, toman todo el protagonismo de la primera pantalla. Pero para eso nació CINEFILIA, para mostrarte estas obras memorables y si es posible, decirte dónde las tienes.
Así que no os hago esperar más, Bienvenidos, bienvenidas queridos amigos y amigas de cinefilia, con todos ustedes Adaggio film dirigido por Stefano Sollima en el 2023.
¿Cómo nace Esta película? Pues ante todo, de una profunda necesidad personal de su director. Tras el éxito masivo de Suburra, a Stefano Sollima se le abrieron de par en par las puertas de Hollywood. Se marchó a Estados Unidos a rodar grandes producciones de acción como Sicario: El día del soldado o Sin remordimientos con Michael B. Jordan.
En ese momento Sollima estaba en la cima de la industria americana, pero como él mismo confesó más tarde: 'Necesitaba volver a casa. Necesitaba volver a filmar mi ciudad'.
Querían cerrar lo que él llama su 'Trilogía del Crimen Romano' (que empezó con ACAB en 2012 y siguió con Suburra en 2015).
Sollima quería reflejar el choque entre la vieja guardia criminal de Roma —hombres destrozados, enfermos, que pertenecen al pasado— y la nueva generación que domina las calles hoy, más domesticados y plegados a un mundo que les ha cercado en un redil de consumo y placer.
Para los viejos lobos, Sollima hizo una auténtica declaración de intenciones. Llamó de nuevo a su actor fetiche, Pierfrancesco Favino, pero le propuso algo radical: una transformación física absoluta.
Y para romper el tablero, Sollima fichó por primera vez al legendario Toni Servillo, el actor fetiche de Sorrentino, además de contar con el mismisiomo Valerio Mastandrea.
En contraste, para el papel del chaval joven que desencadena la trama, Manuel.
Sollima hizo un casting masivo y se la jugó por un debutante absoluto: Gianmarco Franchini, un chaval sin experiencia previa que impresionó al director por su sangre fría y su intuición natural en las pruebas.
Con este choque de trenes listo, las productoras The Apartment y AlterEgo (del propio Sollima) se aliaron con gigantes como Sky y Netflix para encender las cámaras en septiembre de 2022 en una Roma abrasada por los incendios que forma también parte de la película.
Y bueno, creo que es necesario que te cuente de que va esta película, cómo siempre sin spoiler para que disfrutes del film de principio a final, pero antes permiteme un segundo, Me encantaría que volvieras con nostros y formaras parte de esta marvillosa familia cinefila, si tú tambien te animas y crees que nuestros consejos de cine te pueden ayudar a conocer o recordar esas maravillosas obras, muchas veces perdidas en catalogos inmensos, pues dale al botín y a la campanita y ya está formarás parte de esta locura cinefila en youtube, por cierto si quieres y nos regas un like o un Hype, te estaremos muy, pero que muy agradecidos.
Verán Nos situamos en una Roma que no sale nunca en las postales. Es una ciudad al límite, asfixiada por una ola de calor extremo, devorada por incendios forestales que cercan la periferia y someten a esta a constantes apagones eléctricos.
En medio de este infierno, conocemos a Manuel, un chaval de dieciséis años que cuida de su anciano padre, un antiguo criminal que ya ha perdido la cabeza. Manuel se encuentra atrapado en una red de chantajes que le supera por completo: unos policías corruptos, liderados por un turbio personaje al que da vida Adriano Giannini, lo están utilizando para espiar y conseguir trapos sucios de un politico en una fiesta donde parece que todo, está permitido.
Pero en el último segundo, abrumado por el miedo Manuel decide huir. Se escapa con secretos que no debía ver y se convierte instantáneamente en el objetivo número uno de una implacable cacería humana por toda la ciudad.
¿A quién puede acudir un chaval desesperado cuando la propia policía lo quiere muerto? No le queda otra que buscar refugio en las viejas leyendas del submundo criminal de Roma, los antiguos socios de su padre.
Manuel llamará a las puertas de 'El Ciego', interpretado por un Valerio Mastandrea magistral, y sobre todo de Cammello, ese indescifrable y demacrado Pierfrancesco Favino que vive recluido, consumido por la enfermedad y el pasado. A la ecuación se sumará Toni Servillo como otra vieja gloria de los bajos fondos que intenta proteger lo poco que le queda.
A partir de ahí, Adagio se convierte en un juego del gato y el ratón. Es la historia de tres viejos gánsters rotos, cansados y olvidados por el tiempo, que de repente encuentran una última e inesperada oportunidad de redención protegiendo la vida de un chaval que no tiene a nadie más en el mundo que a ellos. Una carrera contrarreloj donde el asfalto quema y la traición acecha en cada esquina oscura."
Creo que no deberías perderte este film, así que lo vamos a dejar ahí del resto de la película te tienes que ocupar tú, viendola.
Si algo demuestra Adagio, es que Stefano Sollima ha vuelto de Hollywood sin domésticar sigue con su dominio de la técnica absolutamente impecable, El título no es ningún capricho: el ritmo de la película hace honor a ese tempo musical, un 'adagio' constante. Sollima huye deliberadamente de la acción desenfrenada a la que nos tiene acostumbrados los films actuales y opta por una puesta en escena reposada, demostrando el los policiales tienen tambien otro ritmo, un ritmo donde la tensión se mastica en cada silencio y en cada mirada antes de estallar de forma seca y brutal.
Visualmente, la película es una maravilla, y gran parte del mérito es de su director de fotografía, Paolo Carnera, que ya trabajó con Sollima en Suburra.
Carnera retrata una Roma apocalíptica y agónica con una luz que abrasa y quema como el calor sofocante que narra.
Los encuadres de Sollima son amplios, jugando constantemente con la escala de los personajes frente a una ciudad que parece estar derrumbándose. La paleta de colores es extrema: pasamos de unos interiores oscuros, sucios y de una penumbra casi sepulcral, a unos exteriores abrasadores, dominados por tonos anaranjados, rojizos y humeantes debido a los incendios que cercan la capital. Es una atmósfera densa, casi táctil; casi puedes sentir el sudor y el calor asfixiante de los personajes a través de la pantalla.
Y el broche de oro que amarra toda esta experiencia sensorial es, sin duda, la banda sonora. Corre a cargo del grupo de rock electrónico italiano Subsonica, que se marca un trabajo estratosférico. La música parte de una partitura hipnótica, con una atmosfera cargada de sintetizadores oscuros, que laten como si fueran el propio corazón de esa Roma enferma.
La música de Subsonica se funde a la perfección con el diseño de sonido —los zumbidos de los apagones, las sirenas a lo lejos—, logrando que la película se convierta en una experiencia inmersiva. Sollima consigue que el ritmo, los encuadres, la luz y el sonido remen a la vez para construir un 'neonoir' crepuscular bellísimo en su decadencia
Para ir cerrando este análisis, tenemos que hablar del corazón latente de Adagio: su reparto. Y es que la película se articula de una forma casi cabalística, dividiéndose en tres tríadas perfectas que representan las tres fuerzas que chocan en esta Roma terminal.
En primer lugar, tenemos a la tríada de los exbandidos, las viejas glorias del crimen. El trabajo de Pierfrancesco Favino, Toni Servillo y Valerio Mastandrea es pura arqueología humana. Son tres hombres rotos, enfermos, consumidos por los fantasmas del pasado y la culpa. Verlos compartir pantalla es un regalo histórico para el cine italiano; actúan desde la contención, con cuerpos encorvados y miradas cansadas que arrastran el peso de toda una vida al margen de la ley. Son monstruos sagrados interpretando a monstruos olvidados.
Frente a ellos, en el polo opuesto de la brújula moral, se alza la tríada de los policías corruptos. Liderados por un perturbador Adriano Giannini, este trío de agentes representa la degradación absoluta de las instituciones. No actúan por honor ni por una gran ambición mafiosa; actúan por pura supervivencia mezquina, movidos por un egoísmo feroz en medio del caos de la ciudad. Su violencia es seca, burocrática y aterradora, porque viene de quienes deberían protegernos.
Y atrapados en mitad de este fuego cruzado, emerge la tercera tríada, la más trágica de todas: la nueva sangre, los inocentes. Un trío compuesto por el pobre Manuel —el detonante de toda la historia— y los dos hijos pequeños de Vasco. Ellos representan la pureza atrapada en el fango. El debutante Gianmarco Franchini clava la vulnerabilidad de Manuel, un chaval que no quiere ser un criminal, que solo busca salvar el pellejo. Junto a los hijos de Vasco, estos tres jóvenes son el recordatorio constante de que, en el submundo de Sollima, las deudas de los padres siempre las terminan pagando los hijos.
Este número tres, casi místico, nos deja claro que Adagio no es solo un thriller; es una parábola crepuscular sobre el relevo generacional, el sacrificio y la redención. Stefano Sollima cierra su trilogía romana por todo lo alto, regalándonos una película oscura, bellísima y dolorosa que se te queda grabada a fuego mucho después de que terminen los créditos. Una obra imprescindible, un film que no se me rompen prendas al catalogarlo como OBRA MAESTRA y bueno, decir, por sui quieres saber que repercusión tuvo en los festivales que estuvo ni más ni menos que en el Festival de Venecia, una joya del cine europeo que da mil vueltas a la mayoría de policiales Made in Hollywood.
Y bueno, deseando que la veas y que me digas que te parece me marcho, no sin antes desearte que seas inmensamente feliz o luches por ello y como no puede ser de otra forma que vivas el cine
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